Sergio Villanova: el piloto que convirtió la pasión por los fierros en identidad de Chajarí
Sergio Villanova, piloto de automovilismo, dos veces campeón de la Fórmula Entrerriana, empresario del transporte y uno de esos nombres que, sin proponérselo, terminaron ligados a la historia deportiva de Chajarí.
En el marco de la serie de notas de El Despertador dedicadas a personas de Chajarí que, por pasión, hobby, trabajo o visión, han dejado huella y pueden inspirar a las nuevas generaciones, llegó el turno de Sergio Villanova. Piloto de automovilismo, dos veces campeón de la Fórmula Entrerriana (2001 y 2007), empresario del transporte y un apasionado de los fierros desde la infancia.
1° parte de la entrevista a Sergio Villanova
La propuesta de este ciclo busca rescatar justamente eso: historias de vecinos de la ciudad que, desde su trabajo, su pasión o su trayectoria, dejaron huella y ayudaron a construir identidad local. En ese marco, Villanova aparece como un ejemplo claro de cómo una vida atravesada por los fierros puede transformarse en una forma de pertenencia colectiva.
Sergio Villanova: pasión, fierros y familia en la ruta de la vida
Villanova se define como un hombre de trabajo. Se levanta temprano, dirige su empresa de transporte junto a su familia —especialmente sus hijos— y mantiene la rutina que aprendió desde chico en el negocio familiar. “Toda la vida hemos hecho lo mismo”, cuenta, recordando viajes en camión a Buenos Aires con su hermano Roberto y el aprendizaje junto a su madre en la administración.
Una vida entre camiones, talleres y motores
Villanova no separa su historia personal del trabajo. Su relato arranca en el transporte familiar, donde se crió entre camiones, talleres y grasa de motor. Su padre ya estaba ligado al rubro, y desde chico el taller fue casi una segunda casa.
“Siempre me gustaron los fierros, la mecánica, la suciedad del taller”, resumió durante la entrevista, recordando cómo incluso llegaba de la escuela y terminaba dentro del galpón familiar, entre herramientas y motores.
Ese entorno no solo marcó su oficio, sino también su manera de entender la vida: trabajo constante, rutina familiar y una relación directa con el esfuerzo cotidiano.
El automovilismo como herencia y destino
El vínculo con el automovilismo nació mucho antes de subirse a un auto de carrera. De niño, Sergio ya era parte del ambiente fierrero de la región: iba con su familia a las carreras, armaban campamentos al costado de los circuitos y vivían los fines de semana como una verdadera tradición.
Recuerda con claridad la influencia de categorías históricas como la Fórmula 5 entrerriana y figuras que admiraba de chico, como el piloto Jorge Rabazzi, a quien seguía con una bandera desde la tribuna improvisada de alambrados y caminos de tierra.
También formaron parte de ese universo las “cafeteras” locales, la Fuerza Libre y las motos, donde participaba su entorno familiar, especialmente su hermano Horacio, pieza clave en su posterior carrera deportiva.
“Siempre estuve metido en el tema de la competición, primero mirando, después ayudando y después corriendo”, resumió.
Acompañó a su hermano Horacio en motos, en la Fuerza Libre con Ricardo Caprotti y después en la Fórmula con Rafael “Guito” Dalprá.
El debut casi improvisado y el inicio de una carrera
Su llegada a la Fórmula Entrerriana tuvo algo de inesperado. Villanova cuenta que su debut llegó en 1999, en el circuito Salvia de San José, sin haber probado nunca un auto de competición.
“Fui sin haber subido nunca a un auto de carrera”, recordó. Sin embargo, el resultado fue inmediato: terminó séptimo en su primera competencia, en una categoría que por entonces reunía más de 23 autos y un nivel altamente competitivo.
A partir de allí, su crecimiento fue sostenido. En sus primeras carreras en Concordia y Paraná logró resultados destacados que lo llevaron rápidamente a integrarse al lote de punta.
Campeón en una de las épocas más competitivas
Villanova se consolidó en una etapa considerada por muchos protagonistas como una de las más duras de la Fórmula Entrerriana.
En su relato aparecen nombres que marcaron la categoría: Máximo Pérez, José Veronesi, Rafael Dalprá y Agustín Ferreyra, entre otros pilotos de fuerte nivel regional.
“Había diez autos que cualquiera podía ganar”, explicó sobre esa época. La paridad mecánica y deportiva hacía que cada error definiera una carrera o incluso un campeonato.
En ese contexto, Villanova logró consagrarse campeón en 2001 y nuevamente en 2007, destacando especialmente este último título, donde ganó varias carreras y mantuvo una regularidad decisiva durante toda la temporada.
“No era fácil. Tenías que ser constante todo el año. Un error te costaba todo”, resumió sobre aquellas definiciones.
Dos títulos que hablan de constancia. En 2001 se coronó campeón en una definición dramática (llegó a los puntos decisivos en las últimas vueltas). En 2007 repitió el título con un auto muy competitivo, ganando seis de las diez carreras.
El apoyo familiar y de amigos como clave.
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue el acompañamiento familiar y de su entorno. Villanova subrayó el rol de su esposa Gabriela, sus padres, su hermano Horacio y todo el grupo de amigos y colaboradores del taller, que funcionaba casi como un equipo de carrera permanente.
“Nos juntábamos todos los días en el taller. Era rutina, pero también era pasión”, contó.
Incluso recordó que sus padres asistieron a prácticamente todas sus carreras durante años, con muy pocas ausencias, independientemente del clima o las distancias.
También destacó el acompañamiento de vecinos, comerciantes y amigos que apoyaban económicamente o con logística, llegando a reunir en algunos momentos decenas de publicidades en el auto.
El automovilismo como experiencia social en Chajarí
Más allá de su trayectoria personal, Villanova hizo una reflexión sobre el impacto social y económico del automovilismo en la ciudad. Recordó épocas en las que Chajarí llegó a tener hasta 15 autos en la Fórmula Entrerriana, y cómo el deporte motor movilizaba familias enteras.
Para él, el automovilismo no es solo competencia: es comunidad. Equipos de al menos seis personas por auto, familias completas en los boxes y fines de semana que involucran a miles de personas en los autódromos provinciales.
También destacó el crecimiento del karting local, donde hoy participan pilotos desde categorías infantiles hasta divisionales mayores, con fuerte acompañamiento de padres y familias.
“Ver a los chicos de 7 u 8 años con sus padres en el karting es lo más lindo que hay”, señaló.
Sus padres casi no se perdieron carreras (faltaron solo tres por salud). Su esposa Gabriela lo acompañó desde siempre, y sus hijos también. “El automovilismo es muy demandante y sin el acompañamiento de la familia es muy difícil”, afirma. También valora el grupo de amigos y colaboradores que durante años se juntaban en el taller de martes a jueves (y muchas madrugadas) a preparar el auto, compartiendo mate, charlas y hasta un whisky en invierno. “Cuando hacés lo que amás, es un placer”.
Empresario, dirigente y promotor del automovilismo
En paralelo a su carrera deportiva, Villanova desarrolló su actividad como empresario del transporte, rubro en el que continúa trabajando junto a su familia y empleados.
En los últimos años también se involucró en la promoción y reorganización de la Fórmula Entrerriana, buscando abaratar costos y sostener la categoría en un contexto económico complejo.
Según explicó, el objetivo es mantener viva una divisional histórica de la provincia, reduciendo gastos en motores, neumáticos e insumos, para facilitar el acceso de nuevos pilotos.
Chajarí como semillero tuerca
Villanova también puso en valor el crecimiento del deporte motor en la ciudad. Habló de Chajarí como una de las localidades más “tuercas” de la provincia, con fuerte presencia en karting, motos y automovilismo.
Destacó el rol del Club de Volantes de Chajarí y el desarrollo del kartódromo local, que permitió la formación de decenas de pilotos que luego compitieron a nivel provincial y nacional.
Una historia que trasciende los resultados
En el marco de esta serie de entrevistas, su testimonio refuerza la idea central del ciclo: que en cada vecino hay una historia que, de una u otra forma, también ayuda a contar la historia de Chajarí.
El show y la impronta de Villanova
Sergio siempre buscó dar espectáculo: ir al roce, por adentro, por afuera, frenajes ajustados. “A la gente le gusta ver la pelea, no autos que pasan cada 10 segundos”. Esa misma pasión la transmitió en karting local, donde corría más por el show que por el resultado. Hoy, aunque ya no compite regularmente, sigue ligado al deporte motor. Acompaña a su nieto y yerno en el kartódromo local, valora el crecimiento del karting en Chajarí (con categorías escuela y escuelita llenas de chicos) y participa activamente en el intento de reflotar la Fórmula Entrerriana.
Junto a otros entusiastas y al Autódromo de Concepción del Uruguay han logrado abaratar costos (motores más accesibles, neumáticos locales, inyección electrónica) para que sea una de las categorías más económicas del automovilismo actual. “Hay autos para alquilar a precios razonables y nafta más barata en el autódromo”, invita.
Un mensaje para los jóvenes
“Es emocionante ver a papá y mamá temblando pero apoyando”. Cree que Chajarí es una de las ciudades más “tuercas” de Entre Ríos, tanto en autos como en motos, gracias al Club de Volantes y al trabajo de mucha gente.También sueña con más apoyo político e infraestructura. Recuerda épocas en que la Municipalidad acompañó con publicidad para los pilotos y la entrega del predio del kartódromo.
Hoy el Club de Volantes trabaja para ampliar el circuito y asfaltarlo, con rifas y aportes privados. “Sin política detrás es muy difícil sostener un autódromo”, dice, comparando con otras ciudades entrerrianas que sí invirtieron.
Sergio Villanova representa esa mezcla ideal: empresario responsable, padre y abuelo presente, y un apasionado que nunca dejó de ensuciarse las manos con fierros. Su historia muestra que con pasión, trabajo en equipo, familia y perseverancia se pueden cumplir metas y, sobre todo, disfrutar el camino.
Pitito Zambón
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