Rosendo Silvestri: la guitarra, la coherencia y una vida fiel a la música
Memoria, vocación y una vida entera tocando para la alegría de los demás
Hay personas que dejan huella sin proponérselo, les alcanza con vivir de una manera coherente, sostenida, honesta. Rosendo Silvestri es una de esas personas que la comunidad reconoce de inmediato, con cariño genuino, con respeto verdadero. Basta que su nombre aparezca para que broten recuerdos, saludos, anécdotas y agradecimientos.
Escuchá la entrevista con Rosendo Silvestri en #ElDespertador
Esta charla en El Despertador fue una ventana a una época donde la música era encuentro, compromiso y trabajo; y donde los músicos eran referentes culturales de la ciudad.
El sueño adolescente que empezó sin academia
Rosendo comenzó como comienzan las vocaciones sinceras: con curiosidad, con deseo y con mucha autodisciplina.
Desde finales de los años 60, cuando todavía era adolescente, la música ya lo atraía con fuerza. No pudo estudiar formalmente como hubiese querido, pero eligió el camino del autodidacta. Ese camino largo, paciente y silencioso que exige escuchar, repetir, equivocarse y volver a intentar.
En aquellas primeras reuniones entre amigos, con una guitarra pasando de mano en mano, nadie imaginaba que estaban sembrando una parte importante de la historia musical local. Ellos decían, con humor, que no hacían música: hacían ruido. Pero ese ruido era el germen de algo mucho más grande.
El padre que prestó una habitación y cambió todo
Hay pequeños gestos familiares que cambian destinos. En la casa de Rosendo, su padre cedía una habitación para que los jóvenes se reunieran a tocar. Ese detalle sencillo fue el primer “estudio de ensayo”.
Pero faltaba organización. Faltaba rumbo.
Y ahí aparece una figura clave: José Coppo, músico de referencia de la época. Rosendo fue a buscarlo con humildad y le dijo algo tan honesto como potente: tenemos ganas de hacer música, pero no nos sale nada.
Copo aceptó ayudarlos. Viajó a Buenos Aires, trajo equipamiento y ordenó el caos creativo. Desde ese momento, la música dejó de ser improvisación para convertirse en proyecto.
Vidrio Molido y el nacimiento del rock local
A comienzos de los años 70 nació Vidrio Molido, uno de los primeros grupos de música pop y rock de la zona. Cuatro músicos, guitarras, bajo, batería y una figura entrañable: Humberto Nonino, el animador que presentaba y conectaba con el público.
Tocaban viernes, sábados y domingos. Carnavales multitudinarios, bailes familiares, clubes repletos. La gente iba a divertirse y a bailar en familia. Y sin saberlo, estaban protagonizando un cambio cultural profundo.
Rosendo confiesa que nunca fue consciente del impacto que generaban. Sin embargo, muchos jóvenes de entonces “jugaban a ser Rosendo Silvestri”. Esa frase resume todo: eran referentes sin buscarlo.
La estética, el pelo largo y la exageración juvenil
Las modas también cuentan historias. Si se usaba el pelo hasta los hombros, ellos lo dejaban más largo. Si el cuello de la camisa era ancho, lo hacían enorme. Bigotes largos, pantalones Oxford, una estética que hoy despierta sonrisas pero que en su momento representaba libertad y cambio.
En una ciudad sin internet ni redes, los músicos eran las verdaderas antenas culturales. Lo que se veía en el escenario se convertía en tendencia en la calle.
Ensayar todos los días: la ética del músico
Uno de los rasgos que atraviesa toda la entrevista es la palabra responsabilidad.
Los grupos en los que participaba Rosendo, ensayaban prácticamente todos los días.
Lunes, martes, miércoles y jueves.
El viernes descansaban.
El sábado tocaban.
Sacar un tema podía llevar mucho tiempo, pero cuando lo lograban, el público lo reconocía. Esa ética del trabajo es una de las claves que explica por qué la música fue durante años una verdadera salida laboral.
Sí, vivir de la música era posible. Y no solo posible: muchos construyeron su casa gracias a ella. Mientras viajaban a tocar, ya hablaban de en qué invertirían lo ganado: ladrillos, chapas, proyectos de vida. La música como sustento. La música como futuro.
El grabador que parecía ciencia ficción
Hoy grabar una canción lleva segundos. En aquellos años era otra historia.
Un hermano marista viajó a España y Rosendo le pidió algo que sonaba futurista: un aparato que fuera radio y grabador al mismo tiempo. Cuando llegó, fue una revolución.
En el negocio familiar, la radio permanecía encendida todo el día. Cuando sonaba un tema interesante, apretaba el botón y quedaba grabado. Luego venía el trabajo artesanal: escuchar, sacar la letra, estudiar la melodía, adaptar arreglos.
Así se construía el repertorio, con paciencia, con oído y con pasión.
La música como servicio a la comunidad
Bailes de primavera. Semana de la Juventud. Recitales en plazas. Festivales. Misas de acción de gracias musicalizadas con melodías modernas.
La música no era solo espectáculo: era comunidad.
Grupos de jóvenes ensayando canciones litúrgicas con melodías contemporáneas, escenarios improvisados en plazas, familias enteras con mate escuchando recitales. Una ciudad que encontraba en la música un punto de encuentro.
La coherencia también se canta
Rosendo habla con firmeza sobre las letras de las canciones. Siempre buscaron mantener una línea de respeto, especialmente hacia las mujeres. Si una letra no convencía, simplemente no se tocaba.
Una postura clara, sostenida en el tiempo, que habla de valores tanto como de música.
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Uno de los momentos más conmovedores llega cuando habla de Marcelo Lanaro, un “hijo adoptivo de la vida”. Un amigo que se volvió familia, que durante la pandemia estuvo presente para ayudar y acompañar.
En el árbol de Navidad de los Silvestri hay fotos de nietos… y también de los hijos de Marcelo. Porque la familia, a veces, se elige.
Ese detalle resume quién es Rosendo más allá del músico.
Permanecer
Décadas después, el cariño sigue intacto. Los mensajes de oyentes llegan uno tras otro. Músicos, vecinos, amigos. Todos coinciden en algo: Rosendo Silvestri es una gran persona.
Y quizás ahí esté la clave de todo.
Porque la música puede empezar como vocación, convertirse en trabajo y transformarse en recuerdo. Pero lo que queda para siempre es la manera de vivir.
Una comunidad agradecida
Luego de lectura y audios de oyentes, resaltamos el agradecimiento a ese trabajo hormiga que Rosendo construyó con pasión… y la pasión, cuando se sostiene en el tiempo, termina siendo parte de la identidad de una ciudad.
Hay personas que tocan canciones.
Y hay personas que, sin darse cuenta, tocan la vida de los demás. 💛
Rosendo Silvestri – Historia de Chajarí – FM del Este 100.5
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