Granizo que desafía a la ciencia: Alertan sobre los impactos de la manipulación del clima
Vecinos de Coronel Suárez registraron piedras de hielo con patrones fractales inéditos. El Ing. Agr. Román Balla afirma que la lluvia estaría intervenida con nanomateriales y reactiva el debate sobre un clima modificado de forma deliberada.
Vecinos registraron una granizada con piezas de hielo en forma de “flor” o “rodaja de kiwi”, de entre 4 y 7 centímetros, un patrón poco habitual que ya se había visto en episodios recientes de la región. La rareza volvió a poner en agenda una pregunta incómoda: ¿estamos ante simples caprichos de la atmósfera… o frente a un clima intervenido?
En diálogo con El Despertador, el ingeniero agrónomo Román Balla vinculó las formas anómalas del granizo con la presencia de “nanomateriales” en las nubes y, más ampliamente, con prácticas de manipulación climática que —según su mirada— buscan reforzar la idea de un cambio climático de origen humano.
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Qué se vio y por qué llamó la atención
Balla describe las piedras como “rodajas” alargadas, con un núcleo cristalino central y anillos de crecimiento hacia afuera, “casi como una flor” o “un kiwi cortado a lo largo”. Remarcó que algunas alcanzaban unos 7 cm de largo por 4 cm de ancho y consideró que esa morfología “no es normal” en un granizo de origen puramente natural.
La hipótesis de Balla: agua “intervenida” y cristales guiados
El ingeniero propone que el agua de lluvia estaría “intervenida” por nanomateriales o nanocristales dispersados en la atmósfera. Al congelarse, esas partículas actuarían como plantillas fractales que orientan el crecimiento del hielo y le imprimen formas no esféricas. Para ilustrarlo, cita experiencias de cristalización del agua popularizadas por Masaru Emoto, como ejemplo de que “el agua adquiere formas según lo que contiene”.
Según Balla, además de modificar la microfísica de las nubes, esos materiales sobre-enfrían el ambiente en altura, favoreciendo granizo de gran tamaño y vientos muy fuertes cuando se encuentra aire cálido con aire muy frío. A su juicio, “esto no está siendo accidental”, sino el resultado de acciones deliberadas ejercidas “desde el cielo”.
Químicos en la lluvia y efectos en el agro, según el entrevistado
Balla menciona análisis de lluvia —que atribuye a distintos estudios— donde habrían detectado aluminio, boro, estroncio, nitratos y sulfatos “por encima de lo normal”. Sostiene que parte de ese nitrógeno actuaría como fertilizante (explicando trigos más verdes y rindes inusuales), mientras que el aluminio generaría problemas de suelo y casos de intoxicación animal tras pastorear luego de fuertes precipitaciones. (Aclara que él mismo buscó nitratos y sulfatos y “había más de lo normal”).
“Fuerzas del cielo” y Agenda 2030: el marco que plantea
El entrevistado enlaza estos fenómenos con una estrategia global de manipulación climática que, afirma, avanzaría en paralelo con otros mecanismos de control social. En su lectura, la Agenda 2030 sería el envoltorio discursivo de políticas que incluyen el rociado de químicos desde aviones y el uso de ondas/microondas para alterar el clima, con impactos directos en producción agropecuaria, disponibilidad de agua y eventos extremos.
El agua que falta donde debería sobrar
Otro eje de la entrevista es el ciclo hidrológico. Balla se pregunta por qué, pese a un año “muy lluvioso” en gran parte del país y la región, los grandes ríos mantienen caudales bajos y las napas no se recuperan como antes. Atribuye esa contradicción a una atmósfera más caliente y cargada de humedad por acción de esos materiales, que aumentaría la evapotranspiración y concentraría el agua “arriba”, favoreciendo lluvias torrenciales puntuales y su rápido secado en superficie.
Por qué importa investigar (y cómo)
Más allá de las posiciones, el episodio de Coronel Suárez pone de relieve dos necesidades:
- Datos abiertos y locales. Relevar morfología y tamaño del granizo, radar de tormentas, termodinámica de la nube, y muestras de lluvia antes, durante y después de los eventos, con cadena de custodia y laboratorios acreditados.
- Transparencia. Publicar metodologías, resultados y materias primas de cualquier programa que libere aerosoles a la atmósfera (público o privado), así como auditorías ambientales independientes.
Lo que queda claro
- Hubo granizo de morfología inusual (“flor”, “rodaja”) que llamó la atención de especialistas y vecinos.
- Román Balla atribuye esa rareza a nanomateriales y a una intervención deliberada del clima, en un marco político global; sus dichos incluyen referencias a químicos en lluvia, sobre-enfriamiento y alteración del ciclo del agua.
- La explicación convencional ofrece mecanismos físicos capaces de generar granizo no esférico sin apelar a intervención humana, y pide evidencia verificable para validar o refutar la hipótesis de manipulación.
El fenómeno merece investigación rigurosa, con evidencia pública y reproducible. Sólo así podrá dirimirse si estas “piedras flor” son un capricho de la atmósfera… o la huella de algo más.
Fuentes: Transcripción de la entrevista a Ing. Agr. Román Balla en El Despertador (fragmentos y conceptos citados).
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