“De la infancia al consumo, de la depresión al suicidio”
Cómo las élites usan la propaganda y los medios para manipular, enfermar y someter a las personas. Entrevista al Psiquiatra Marcelo Dignani en “El Despertador”
“Nos siembran desde bebés para convertirnos en consumidores, aunque eso nos lleve a la depresión y al suicidio.”
La influencia de los medios de comunicación sobre la vida cotidiana parece tan natural que pocas veces se cuestiona. Sin embargo, el psiquiatra Marcelo Dignani advierte que esta exposición constante a pantallas, publicidad y mensajes repetitivos no es inocente: constituye lo que denomina “radiación mediática”, una forma de manipulación diseñada para condicionar no solo el consumo, sino también la cultura, las costumbres e incluso la salud mental de las personas
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Dignani señala que hoy la humanidad vive en un ambiente saturado de información, donde los televisores, celulares y computadoras permanecen encendidos las 24 horas. “Lo peor que puede pasarnos es no darnos cuenta del entorno en el que estamos inmersos”, subraya. La reiteración constante de mensajes convierte a los ciudadanos en “zombis consumidores”, preparados desde la infancia para desear lo que las grandes compañías fabrican, aun cuando esos productos sean dañinos.

La siembra de la mente desde la infancia
El especialista explica que la estrategia mediática apunta principalmente a los niños. Desde muy pequeños reciben mensajes publicitarios que se almacenan como semillas en la memoria y, al llegar la adolescencia, se activan con las hormonas y orientan sus conductas de consumo. “Las grandes empresas no piensan en el consumidor actual, sino en el bebé que dentro de diez años será un cliente fiel”, sostiene Dignani.
Esa manipulación temprana explica por qué los adolescentes reproducen modelos de violencia, adicciones o conductas autodestructivas que vieron en videos musicales, publicidades o contenidos aparentemente inofensivos.
Consumo, violencia y depresión
El psiquiatra enfatiza que la publicidad no solo fabrica deseos, sino que también produce enfermedad mental. “Primero enferman a la población con mensajes de miedo, violencia y adicción; después venden el remedio en forma de productos, fármacos o alcohol”, afirma.
El impacto de esta “radiación mediática” no es menor: Dignani vincula directamente su influencia con el aumento de la depresión y el suicidio en todo el mundo. “Los niños de hoy tienen como verdadera madre a la pantalla, no a la madre real. Esos mensajes repetitivos reemplazan el vínculo humano y generan soledad, ansiedad y tristeza profundas”, alerta.
El poder detrás de la manipulación
Según Dignani, esta maquinaria mediática no actúa de manera aislada, sino en función de los intereses de las élites económicas y políticas globales. Desde la propaganda previa a la Segunda Guerra Mundial hasta Hollywood y las grandes corporaciones actuales, los medios de comunicación se transformaron en “portaaviones de combate” al servicio del dominio cultural y económico.
Los gobiernos, lejos de proteger a la población, muchas veces son cómplices: legisladores y dirigentes reciben financiamiento de grandes organizaciones internacionales que aseguran la perpetuación de este sistema. De esta manera, la publicidad se convierte en un arma para sostener el consumo y disciplinar a las sociedades.
Un plan de control social
El diagnóstico de Dignani es contundente: vivimos en una sociedad donde el consumo es presentado como proyecto de vida, aunque ese mismo consumo acorte la existencia. Las personas son tratadas como “ganado” por las transnacionales, que fomentan divisiones —ya sea en la política, el deporte o la cultura— para mantener enfrentadas a las mayorías. “No necesitan matarnos: nos hacen pelear entre nosotros”, explica.

El resultado es un círculo perverso: manipulación mediática, enfermedad mental, depresión, suicidio, y nuevamente consumo como “cura” de un mal que ellos mismos diseñaron.
¿Qué hacer frente a esta realidad?
Dignani plantea que la única salida posible es el control social y político de los medios de comunicación, junto con una educación crítica desde la infancia que permita a las personas identificar la manipulación y resistir sus efectos. “Lo que enfrentamos es un veneno diario. Y mientras no lo veamos, seguirá siendo mortal”, concluye.
FM del Este 100.5
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