Inflación del INDEC: por qué el 2,8% de diciembre no convence al bolsillo
Radiografía del deterioro económico, social y sanitario que enfrenta la clase media argentina en el actual contexto nacional.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación de diciembre fue del 2,8%, y que el acumulado anual de 2025 cerró en torno al 31,5%, el nivel más bajo en casi una década.
Desde el Gobierno, el dato fue presentado como una confirmación del proceso de desaceleración inflacionaria iniciado a lo largo del año. Sin embargo, lejos de generar alivio social, el índice volvió a chocar con una percepción extendida: para amplios sectores de la población, el costo de vida sube más rápido de lo que reflejan las estadísticas oficiales.
La distancia entre el número y la experiencia cotidiana no es nueva en la Argentina, pero se vuelve más visible cuando el índice oficial muestra una baja significativa mientras los salarios, el consumo y la calidad de vida continúan bajo presión.
El dato oficial y el acumulado anual
El 2,8% de inflación mensual de diciembre se ubicó levemente por encima de las expectativas del mercado, que proyectaban un registro cercano al 2,5%. Aun así, el cierre anual en torno al 31% representa una caída pronunciada respecto de años anteriores, cuando la inflación superó el 100% anual.
En términos estrictamente estadísticos, el proceso de desaceleración es real: los precios ya no avanzan al ritmo vertiginoso que marcaron 2023 y 2024. Sin embargo, el dato agregado oculta un problema central: el impacto acumulado de la inflación sobre los ingresos no se revierte automáticamente cuando baja el índice.
Qué significa un 31% anual para asalariados y jubilados
Una inflación anual del 31,5% implica que, en promedio, los precios subieron casi un tercio en doce meses. Para los asalariados cuyos ingresos no se ajustaron en la misma proporción —o lo hicieron con retraso—, esto se traduce en una pérdida concreta de poder adquisitivo.
En muchos sectores, las paritarias no lograron empatar a la inflación o quedaron desfasadas en el tiempo. En el caso de los jubilados y beneficiarios de ingresos fijos, el deterioro fue aún más visible. El resultado es un fenómeno extendido: aunque la inflación “baje”, el salario real sigue sin recomponerse, y la clase media ve restringida su capacidad de consumo, ahorro y planificación.
El corazón del debate: qué mide el INDEC y qué siente la gente
El Índice de Precios al Consumidor se construye a partir de una canasta promedio de bienes y servicios, con ponderaciones basadas en encuestas de gasto de los hogares. El problema no está necesariamente en la metodología en sí, sino en el desfasaje entre ese promedio estadístico y la realidad de millones de familias.
Alimentos, alquileres, servicios públicos, transporte, salud y educación privada concentran una porción cada vez mayor del ingreso familiar. Estos rubros, en muchos casos, subieron por encima del promedio general, pero su peso relativo en el índice no siempre refleja lo que ocurre en los presupuestos reales, especialmente en los sectores medios y bajos.
Así, mientras el índice muestra desaceleración, el bolsillo sigue sintiendo presión. No se trata solo de cuánto suben los precios, sino qué precios suben.
INDEC y consultoras privadas: números similares, lecturas distintas
Durante 2025, las estimaciones de las principales consultoras privadas no se alejaron significativamente de los datos oficiales. La mayoría proyectó una inflación anual apenas por encima o apenas por debajo del 31%, y registros mensuales similares al informado por el INDEC.
La diferencia no estuvo tanto en el número final, sino en el enfoque. Muchas mediciones privadas ponen mayor énfasis en alimentos y servicios esenciales, los rubros más sensibles para los hogares. Desde esa mirada, la inflación “sentida” puede ser considerablemente más alta que la inflación promedio.
Esto explica por qué, aun cuando las cifras coinciden, la percepción social sigue siendo de empobrecimiento.
El peso de la historia y la desconfianza
A esta brecha se suma un factor difícil de revertir: la desconfianza histórica. Los años de manipulación del índice inflacionario dejaron una huella profunda en la credibilidad del organismo estadístico. Aunque hoy el INDEC recuperó reconocimiento técnico, para gran parte de la sociedad el número oficial sigue siendo observado con escepticismo.
La sensación de que “la inflación licuó los salarios y destruyó a la clase media” no surge solo de la coyuntura, sino de un proceso acumulado de años en los que los ingresos quedaron sistemáticamente detrás de los precios.
Entre la macroeconomía y la vida real
El 2,8% de diciembre y el 31,5% anual muestran una mejora en términos macroeconómicos. Pero en la economía cotidiana, esa mejora todavía no se traduce en alivio. La inflación puede desacelerarse, pero el daño sobre el poder adquisitivo persiste mientras los ingresos no se recompongan.
Por eso, el debate no gira únicamente en torno a si el índice es correcto o no, sino a una pregunta más profunda: cuánto tardará la baja de la inflación en reflejarse en una mejora real en la vida de las personas. Hasta que eso ocurra, la distancia entre el número oficial y la sensación social seguirá marcando la agenda económica.
FM del Este 100.5
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