La exploración petrolera en Malvinas avanza entre silencio oficial y entrega de soberanía
Crecen los interrogantes sobre la posible relación de “fenómenos naturales poco frecuentes” y la exploración petrolera en Malvinas y el Mar Argentino
Avanza la exploración petrolera offshore en el Atlántico Sur y Malvinas, pese al rechazo argentino. Especialistas advierten sobre impactos ambientales, posibles efectos sísmicos y la ausencia de estudios independientes sin conflicto de intereses.
Exploración petrolera en Malvinas
Mientras la Argentina repite en discursos oficiales que las Islas Malvinas son argentinas, en el Atlántico Sur se consolida una avanzada petrolera extranjera que erosiona esa soberanía en los hechos. No ocurre en secreto: ocurre a la vista de todos, pero lejos de la agenda pública, protegida por un silencio funcional que también es una forma de entrega.
La empresa Navitas Petroleum, asociada a capitales británicos, avanza sobre la Cuenca Malvinas Norte explotando recursos hidrocarburíferos en un territorio que el propio Estado argentino considera en disputa y cuya actividad califica de ilegal. Sin embargo, más allá de comunicados diplomáticos aislados, no hay una política activa de información, control ni movilización social frente a este avance.
“La exploración petrolera en Malvinas no es solo un problema energético…”
Se reclama soberanía, pero no se ejerce, a pesar que Argentina considera estas actividades como ilegales: en abril de 2022, la Secretaría de Energía emitió la Resolución 240/2022, declarando a Navitas Petroleum como “clandestina” y la inhabilitó por 20 años para operar en la plataforma continental argentina. La Cancillería reforzó el rechazo oficialmente en septiembre de 2023, subrayando la ausencia de autorización legítima. La ley 26.659 prohíbe toda actividad hidrocarburífera en la zona sin el aval estatal, sancionando a empresas que participen en exploraciones no autorizadas.
El mar argentino no es un “espacio vacío”
La exploración petrolera offshore no es una abstracción técnica. Implica intervenciones profundas sobre ecosistemas frágiles, prospección sísmica con emisiones acústicas de enorme intensidad y una alteración sostenida del ambiente marino. Todo esto ocurre sin debate público, con estudios ambientales diseñados, financiados y presentados por las mismas corporaciones interesadas en explotar el recurso.
La pregunta es simple y brutal:
¿Puede llamarse “control ambiental” a un sistema donde el investigado financia su propia absolución?
No se trata de negar la ciencia. Se trata de denunciar su captura. Cuando los estudios “oficiales” responden a intereses económicos concentrados, dejan de ser garantía y se transforman en coartadas.

Fenómenos naturales, explicaciones automáticas y preguntas prohibidas
Cada vez que se registra un sismo leve, un movimiento de suelo, un evento marítimo anómalo, un “meteotsunami” o una alteración poco frecuente del entorno, la respuesta es inmediata: “es natural”. Y el tema se cierra. No se investiga, no se cruza información, no se comparan fechas, no se analizan acumulaciones de impacto.
¿Puede afirmarse con honestidad que no existe ninguna relación entre actividades extractivas a gran escala y fenómenos complejos, si nunca se las estudia de manera independiente?
“El avance de la exploración petrolera en Malvinas expone una contradicción…”
En otras partes del mundo, la relación entre explotación hidrocarburífera y sismicidad inducida ya no es una hipótesis incómoda, sino un campo de estudio consolidado. En Argentina, en cambio, la pregunta misma parece censurada.
No porque haya respuestas peligrosas, sino porque hay intereses demasiado poderosos que prefieren que no se formule la pregunta.
El silencio también es política
La escasa difusión oficial sobre estas actividades no es casual. El silencio protege negocios, evita conflictos y anestesia a la opinión pública. Pero ese silencio tiene consecuencias: debilita el reclamo soberano, desinforma a la ciudadanía y normaliza la idea de que el mar argentino es una zona sacrificable.
Reclamar Malvinas mientras se tolera la explotación petrolera extranjera en aguas en disputa es una contradicción insostenible. No hay soberanía sin control efectivo, ni control sin información pública.
Estudios científicos “pret a porter”
La Argentina necesita —con urgencia—:
- Investigaciones científicas independientes, sin financiamiento corporativo
- Datos abiertos y auditorías ambientales reales
- Participación de universidades públicas y organismos autónomos
- Transparencia total sobre exploración offshore y actividades extractivas
No para confirmar prejuicios, sino para garantizar verdad.
Porque cuando el extractivismo avanza sin control, cuando el ambiente se convierte en variable de ajuste y cuando la soberanía se reduce a una consigna vacía, lo que está en juego no es solo el petróleo: es el derecho de una sociedad a decidir sobre su territorio y su futuro.
FM del Este 100.5
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