De las cenizas al éxito: cómo Emilio reconstruyó la histórica Panadería La Unión de Tolhuin
Tras perderlo todo en un devastador incendio, Emilio encontró en la solidaridad de la comunidad la fuerza para reinventarse y convertir nuevamente a Panadería La Unión en un símbolo de Tolhuin.
De dormir sobre bolsas de harina a renacer de las cenizas: la historia de Emilio y la Panadería La Unión
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Emilio… el que cuando todo parecía perdido, eligió volver a empezar

El humo todavía salía de los escombros cuando Emilio entendió que ya no quedaba nada. Ni los hornos. Ni las máquinas. Ni los años de trabajo acumulados en cada rincón de la Panadería La Unión. Incluso el dinero destinado a pagar los sueldos de sus empleados había quedado reducido a cenizas dentro de una caja fuerte calcinada. A los 67 años, después de cuatro décadas construyendo uno de los emprendimientos más emblemáticos de Tolhuin, parecía que el camino terminaba allí. Sin embargo, estaba a punto de comenzar la etapa más extraordinaria de su historia.
Escuchá la entrevista con Emilio y Huberto
Hoy, quien llega a Tolhuin encuentra una panadería moderna, amplia, llena de vida, considerada un verdadero emblema de la ciudad fueguina. Sin embargo, detrás de ese edificio de casi 800 metros cuadrados existe una historia de privaciones, perseverancia y reconstrucción que merece ser contada.

Un sueño nacido en el fin del mundo
Hace más de cuatro décadas, Emilio llegó al sur buscando algo que no sabía exactamente cómo definir: un lugar donde echar raíces.
Había dejado atrás su vida en Mar del Plata y desembarcado en Ushuaia, donde trabajaba en construcción y pintura. Allí conoció a un panadero y le ofreció aprender el oficio sin cobrar un peso. Dormía en un pequeño galpón, sobre bolsas de harina, cubierto apenas por algunas frazadas, mientras absorbía cada enseñanza que podía.
Pero su destino estaba unos kilómetros más al norte.
Durante un viaje pasó por Tolhuin, que por entonces era apenas un pequeño poblado de unas cien personas. No había casi nada. Calles de ripio, pocas construcciones y mucho paisaje. Sin embargo, frente al lago sintió algo que todavía recuerda con claridad: había encontrado el lugar donde quería vivir.
Con esfuerzo logró conseguir una pequeña vivienda de Obras Públicas. Tenía lo indispensable: luz y agua. Nada más. Allí comenzó una aventura que cambiaría la historia comercial de la localidad.
La Unión: una panadería que creció junto al pueblo
Lo que empezó como una modesta panadería fue creciendo con el paso de los años.
Emilio comprendió que no alcanzaba con vender pan y facturas. Había que ofrecer algo más. Incorporó cafetería, espacios cómodos para los viajeros, servicios para quienes recorrían la Ruta Nacional 3 y una atención que terminó convirtiéndose en marca registrada.
La Unión dejó de ser solamente una panadería para transformarse en un punto de encuentro.
Miles de turistas comenzaron a detenerse allí cada año. Familias de Ushuaia, Río Grande y visitantes de todo el país encontraron en ese lugar una parada obligada. La empresa siguió creciendo y llegó a emplear a decenas de trabajadores.
Parecía que nada podía detener ese camino.

La pandemia y el golpe más duro
Entonces llegó la pandemia.
Durante meses, Tolhuin permaneció prácticamente aislada. El turismo desapareció y las ventas se desplomaron. Emilio recuerda aquellos nueve meses como uno de los períodos más difíciles de su vida.
Vendió vehículos, asumió deudas y luchó para sostener las fuentes de trabajo de las 27 familias que dependían de la empresa.
Cuando finalmente parecía que la tormenta comenzaba a pasar, ocurrió algo todavía peor.
El 25 de enero de 2021 un incendio destruyó completamente la Panadería La Unión.
Las llamas consumieron cada metro cuadrado del edificio. No quedó nada.
Entre los escombros apareció una caja fuerte donde estaban guardados los salarios de los empleados. El dinero estaba completamente destruido por el fuego.
A los 67 años, después de más de cuatro décadas de trabajo, Emilio sintió que se había quedado sin fuerzas.
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La ayuda que cambió la historia
Pero cuando parecía que todo había terminado, sucedió algo inesperado.
Comenzaron a llegar las muestras de apoyo.
Una arquitecta de Ushuaia le presentó un proyecto para una nueva panadería, mucho más grande y moderna que la anterior. Amigos, clientes y vecinos empezaron a alentarlo para que no abandonara.
Desde España, un grupo de ciclistas que conocía la historia de La Unión organizó una colecta y reunió 10 mil dólares para colaborar con la reconstrucción.
Mientras tanto, los clientes seguían acercándose. Muchos hacían fila para comprar un café o un churro en un improvisado galpón donde la empresa intentaba mantenerse en funcionamiento.
No iban solamente a consumir.
Iban a decirle que no estaba solo.
Poco a poco, Emilio entendió que la panadería ya no le pertenecía únicamente a él. Formaba parte de la vida de miles de personas.
Renacer de las cenizas
Con el apoyo de la comunidad, la ayuda de trabajadores, gremios, proveedores y el acompañamiento del seguro, comenzó una obra que parecía imposible.
Durante más de un año se levantó un nuevo edificio.
Más amplio. Más moderno. Más preparado para el futuro.
La nueva Panadería La Unión se convirtió en un símbolo de resiliencia. Allí trabajan hoy cerca de 50 personas. Cuenta con una fábrica de bombones, chocolate en rama, churros, facturas, bizcochos, dulces regionales, licores, sandwichería, confitería, cafetería, producción propia de múltiples especialidades y espacios que reciben diariamente a vecinos y turistas.
Lo que nació de las cenizas terminó siendo más grande de lo que Emilio había imaginado.
La lección de una vida
Cuando recuerda el incendio, Emilio ya no habla de pérdidas.
Habla del cariño de la gente.
Dice que lo más valioso que recibió no fueron los ladrillos ni las máquinas nuevas, sino descubrir cuánto significaba la panadería para quienes la visitaban.
Esa experiencia le dejó una enseñanza que hoy comparte con quienes atraviesan momentos difíciles: siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo.
Su historia demuestra que el éxito no consiste en evitar las caídas, sino en encontrar la fuerza para levantarse una vez más.
Y si algo enseña la vida de Emilio es que, aun cuando el fuego parece llevarse todo, siempre puede haber una oportunidad esperando entre las cenizas.
La Unión, patrimonio de la comunidad de Tolhuin
Mientras Emilio recuerda los años en que dormía sobre bolsas de harina y el dolor de verlo todo convertido en cenizas, su hijo, Huberto, apunta al futuro. Creció entre hornos, amasadoras y mostradores, viendo cómo su padre convertía cada dificultad en una oportunidad. Por eso no habla del incendio como una tragedia definitiva, sino como una etapa más de una historia marcada por la capacidad de reinventarse.

Huberto asegura que el verdadero patrimonio de La Unión nunca fueron los edificios ni las máquinas. Lo comprobó después del incendio, cuando la familia debió atender en un galpón improvisado, vendiendo apenas café y churros. Sin embargo, los clientes hacían fila igual. Muchos no iban solamente a comprar. Iban a acompañar. A dar una mano. A demostrar que aquella panadería ya formaba parte de la identidad de Tolhuin. “La gente venía más que nada para ayudar a la panadería”, recuerda. Fue entonces cuando entendieron que habían construido algo mucho más importante que un negocio.
FM del Este 100.5
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