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La opinión pública también se puede fabricar: de Cambridge Analytica y Team Jorge a las redes de poder en Argentina

La opinión pública también se puede fabricar: de Cambridge Analytica y Team Jorge a las redes de poder en Argentina

Opinion pública fabricada Cambridge Analytica y Team Jorge

Investigaciones internacionales demostraron que existen empresas capaces de crear perfiles falsos, manipular redes sociales, obtener información privada y desarrollar campañas clandestinas para influir sobre elecciones.

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En Argentina, Cambridge Analytica tuvo contactos y trabajos con el PRO desde 2015. Años después, Team Jorge —la organización investigada por The Guardian— reveló hasta dónde puede llegar ese negocio. La relación entre esas estructuras y el poder político y empresario argentino merece ser investigada, pero también exige separar los hechos comprobados de las hipótesis.

La discusión sobre la manipulación de la opinión pública suele reducirse a una pregunta sencilla: ¿las redes sociales pueden influir en lo que pensamos?

La pregunta verdaderamente incómoda es otra: ¿quién paga para fabricar esa influencia?

En los últimos años, distintas investigaciones periodísticas y documentos oficiales permitieron comprobar que existe una industria internacional dedicada a intervenir en procesos políticos mediante minería de datos, publicidad segmentada, cuentas falsas, automatización, filtraciones, hackeos y campañas de desinformación.

No se trata solamente de alguien que publica una mentira en Facebook o X, se trata de servicios profesionales que pueden ser contratados para construir una determinada percepción de la realidad y algunos de esos servicios estuvieron vinculados con la política argentina mucho antes de que la inteligencia artificial generativa se convirtiera en una herramienta masiva.

Vínculos entre Cambridge Alalytica, laboratorio Moderna, Defensa de los EEUU y las donaciones de vacunas a la Argentina

También existe otro antecedente que merece una mirada crítica. El desarrollo de la vacuna de Moderna contra el COVID-19 no fue exclusivamente una iniciativa de una empresa privada: el proyecto mRNA-1273 fue desarrollado en colaboración con científicos del NIAID, organismo dependiente de los NIH, mientras BARDA aportó cientos de millones de dólares y el Departamento de Defensa de Estados Unidos participó directamente en la operación, tanto en el desarrollo y la fabricación como en la adquisición y distribución de las dosis, dentro de la denominada *** Operation Warp Speed. El propio Departamento de Defensa reconoció públicamente su colaboración con Moderna para producir inicialmente 100 millones de dosis. La relación entre Moderna y organismos del Gobierno estadounidense, además, venía de años antes de la pandemia. Esto no demuestra que el Gobierno haya creado la vacuna ni permite afirmar que existiera una conspiración, pero sí abre una pregunta que merece ser investigada: ¿hasta qué punto las tecnologías utilizadas por una de las empresas farmacéuticas más importantes de la pandemia fueron previamente impulsadas, financiadas o desarrolladas con recursos de organismos científicos y militares estadounidenses? Y, sobre todo, ¿qué papel tuvieron durante décadas las estructuras de Defensa en el desarrollo de tecnologías biológicas que posteriormente llegaron al mercado civil?

***Operation Warp Speed.

Cambridge Analytica llegó a Argentina antes de las elecciones de 2015

Una investigación de La Nación, publicada en 2019 por Hugo Alconada Mon, reconstruyó la relación entre Cambridge Analytica y el PRO.

Según esa investigación, el equipo de Mauricio Macri contrató servicios de Cambridge Analytica antes de la campaña presidencial de 2015 y mantuvo posteriormente contactos con la consultora de cara a las elecciones legislativas de 2017. Ejecutivos de la compañía, entre ellos Alexander Nix, viajaron a Buenos Aires y mantuvieron reuniones con integrantes del equipo político argentino. La Nación señaló que reconstruyó la relación a partir de testimonios de fuentes argentinas, británicas y estadounidenses y de documentos vinculados con la investigación parlamentaria británica sobre Cambridge Analytica.

Leé de archivo 2021: Llegaron al país 3,5 millones de vacunas de Moderna donadas por Estados Unidos

Más tarde, el entonces CEO de Cambridge Analytica reconoció que la empresa había preparado una propuesta para una campaña “anti-Kirchner” en Argentina.

Un noticiero británico denunció que Cambridge Analytica, la empresa involucrada en el escándalo de Facebook, habría operado en elecciones en la Argentina

Aquí aparece una diferencia fundamental que no debería perderse: que haya existido una propuesta y contactos comerciales no significa automáticamente que Cambridge Analytica haya dirigido la campaña presidencial de Mauricio Macri. De hecho, documentación incorporada posteriormente a un expediente de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia señaló que hubo reuniones, pero que la campaña finalmente quedó a cargo de Jaime Durán Barba.

Es decir: la relación entre Cambridge Analytica y el PRO está documentada; la afirmación de que Cambridge Analytica manejó la campaña de Macri no está demostrada de la misma manera.

Y esa diferencia importa.

Después apareció “Jorge”

En febrero de 2023, una investigación internacional coordinada por periodistas de The Guardian, Haaretz, Radio France y otros medios expuso a un grupo conocido como Team Jorge, dirigido por el israelí Tal Hanan, quien utilizaba el nombre de “Jorge”.

La investigación mostró reuniones grabadas clandestinamente durante meses y documentación filtrada.

Hanan ofrecía servicios a potenciales clientes políticos y empresariales que incluían operaciones clandestinas de influencia, hackeo y manipulación de redes sociales. Según la investigación, su plataforma AIMS permitía administrar decenas de miles de perfiles falsos en plataformas como Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, Telegram y Gmail.

El propio Hanan aseguró haber intervenido en 33 elecciones presidenciales. Esa cifra debe ser tratada como una afirmación del propio operador y no como 33 elecciones comprobadas independientemente. Pero la investigación sí pudo documentar elementos concretos de sus operaciones y sus vínculos con otras estructuras.

Lo más perturbador es que el servicio no consistía simplemente en fabricar una noticia falsa.

Podía incluir la creación de miles de identidades ficticias que aparentaban ser ciudadanos reales.

Personas que nunca existieron podían convertirse, digitalmente, en seguidores, comentaristas, militantes o supuestos ciudadanos indignados.

Una multitud artificial podía entonces dar la impresión de que una determinada idea tenía un respaldo social que en realidad no existía.

La percepción de mayoría podía ser fabricada.

Team Jorge y Cambridge Analytica: dos nombres que se cruzaron

La investigación de The Guardian encontró además comunicaciones que relacionaban a Team Jorge con Cambridge Analytica.

Los documentos mostraron contactos entre las dos estructuras en operaciones políticas internacionales, incluyendo la elección nigeriana de 2015. The Guardian reconstruyó cómo información obtenida mediante operaciones de hackers terminó siendo utilizada dentro de una estrategia política vinculada con Cambridge Analytica.

Esto tampoco significa que ambas organizaciones fueran una única empresa.

Significa algo diferente y mucho más interesante:

existieron vínculos entre actores diferentes de una misma industria internacional de influencia política.

Una industria donde la información, la ingeniería de opinión, la manipulación digital y las operaciones clandestinas pueden convertirse en mercancías.

¿Y Argentina?

Aquí es donde conviene bajar el volumen de las afirmaciones y subir el de las preguntas.

Hay algo que sí sabemos:

Cambridge Analytica estuvo en Argentina y mantuvo contactos con el PRO desde 2015.

También sabemos que Team Jorge afirmó haber trabajado en América Latina y América del Sur, aunque no todas sus afirmaciones pudieron ser comprobadas y la investigación de The Guardian no permite afirmar que haya trabajado para una campaña argentina determinada.

Y sabemos que las dos estructuras tuvieron contactos en operaciones políticas internacionales.

Lo que no está probado es que Team Jorge haya trabajado para Javier Milei, La Libertad Avanza o la campaña presidencial argentina de 2023.

Tampoco hay, en la documentación que hemos podido encontrar, una prueba que permita afirmar que Eduardo Elsztain haya contratado o financiado a Team Jorge.

Sería irresponsable presentar esas relaciones como hechos.

Pero eso no significa que las conexiones políticas y empresariales que sí están documentadas sean irrelevantes.

Elsztain, Milei y Jabad Lubavitch

Eduardo Elsztain aparece en otra red de relaciones, esta vez perfectamente visible.

Elsztain mantiene desde hace décadas una relación estrecha con Jabad Lubavitch Argentina. La propia organización publicó que es presidente honorario de Jabad Argentina y describió su relación con el movimiento, mientras que el rabino Tzvi Grunblatt aparece como una figura central de esa relación.

La relación entre Elsztain y Grunblatt tampoco es una especulación reciente: Jabad documentó públicamente esa relación y el papel de Elsztain como uno de sus principales colaboradores.

A partir de allí aparece Javier Milei.

Distintas investigaciones periodísticas documentaron el acercamiento de Milei a Grunblatt y a empresarios vinculados con Jabad, entre ellos Elsztain. El Cronista señaló que la relación con Grunblatt facilitó el vínculo indirecto de Milei con Elsztain, mientras que La Política Online describió a Grunblatt como un intermediario en el acercamiento de Milei a empresarios importantes.

Además, durante la campaña presidencial de 2023, Milei utilizó como centro de operaciones el Hotel Libertador, propiedad de IRSA, el grupo de Elsztain. Después de ganar las elecciones continuó alojándose allí.



Posteriormente, Elsztain acompañó a Milei en su acercamiento a la tradición de Jabad Lubavitch y en su viaje a Nueva York para visitar la tumba del rabino Menajem Mendel Schneerson. Estos vínculos fueron documentados también por El País.

Todo esto demuestra una red de relaciones políticas, empresariales y religiosas, pero no demuestra una operación de desinformación y nuevamente hay que separar una cosa de la otra.

El problema no es quién cree una mentira, sino quién puede fabricarla

La discusión sobre la desinformación no debería limitarse a determinar si un político difundió una noticia falsa. La evolución de las herramientas digitales permite desarrollar operaciones mucho más sofisticadas: crear miles de perfiles ficticios, instalar determinados contenidos, amplificarlos artificialmente y presentar como espontánea una corriente de opinión previamente diseñada.

El objetivo no siempre es convencer a una persona de una falsedad, sino generar la impresión de que esa falsedad es compartida masivamente. Cuando una misma idea aparece de manera reiterada en miles de cuentas, publicaciones y comentarios, puede adquirir una apariencia de consenso que no necesariamente refleja lo que piensa la sociedad.

Por eso, el verdadero problema no es solamente la existencia de noticias falsas, sino la posibilidad de contratar estructuras capaces de fabricar artificialmente una percepción social y utilizarla con fines políticos, económicos o electorales.

La pregunta que queda abierta en Argentina

La historia conocida permite afirmar que estas prácticas no comenzaron con las redes actuales ni con el fenómeno Milei. En Argentina ya existían contactos con empresas de minería de datos y comunicación política como Cambridge Analytica en 2015, antes de las elecciones presidenciales que llevaron a Mauricio Macri a la Casa Rosada. Años después, la investigación internacional sobre Team Jorge mostró la existencia de estructuras capaces de ofrecer servicios mucho más sofisticados de manipulación digital, desde la creación de identidades falsas hasta operaciones coordinadas de influencia y hackeo.

También está documentado que Team Jorge mantuvo vínculos con Cambridge Analytica en operaciones políticas internacionales. Lo que no está probado es que esas estructuras hayan conformado una misma organización operativa en Argentina, ni que hayan intervenido en campañas posteriores de manera coordinada.

Ese límite no elimina la cuestión de fondo. Por el contrario, plantea la necesidad de investigar quiénes contrataron estos servicios, quiénes los financiaron, qué empresas y consultoras continuaron desarrollando esas técnicas y hasta qué punto fueron utilizadas en procesos electorales argentinos.

Porque si desde hace más de una década existen herramientas capaces de fabricar perfiles, amplificar artificialmente determinados mensajes y simular consensos sociales, la pregunta que queda abierta es inevitable: ¿cuánto de lo que percibimos como opinión pública espontánea fue realmente espontáneo?

Una industria que puede sobrevivir a sus propias empresas

Cambridge Analytica dejó de operar como empresa después del escándalo internacional de 2018, pero las técnicas que desarrolló no desaparecieron con su nombre. La investigación de The Guardian sobre Team Jorge expuso la existencia de un mercado internacional de servicios de influencia política capaz de operar mediante perfiles falsos, manipulación coordinada de redes, obtención de información y campañas clandestinas.

El fenómeno obliga a ampliar el debate sobre las llamadas fake news. El problema no es solamente quién produce una información falsa, sino la posibilidad de que actores con recursos suficientes puedan contratar estructuras destinadas a fabricar y amplificar artificialmente determinadas percepciones sociales.

En Argentina existen antecedentes documentados desde 2015 y vínculos con empresas que formaron parte de esa industria internacional. No alcanza para afirmar que todas esas operaciones respondan a una misma estructura ni para atribuirlas sin pruebas a determinados dirigentes o empresarios. Sí alcanza, en cambio, para plantear una cuestión que debería ser investigada: quiénes contrataron estos servicios, quiénes los financiaron y hasta dónde llegó su influencia sobre la opinión pública y los procesos electorales argentinos.

Porque si la tecnología permite fabricar artificialmente una percepción de consenso, la discusión democrática ya no pasa solamente por distinguir entre verdad y mentira. También exige saber quién tiene los recursos para decidir qué parece verdadero, qué parece mayoritario y qué termina instalándose como opinión pública.

FM del Este 100.5

 

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