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El fuego silencioso: cómo lo que comemos puede encender o apagar la inflamación

El fuego silencioso: cómo lo que comemos puede encender o apagar la inflamación

Inflamación de bajo grado

Pablo de la Iglesia pasó por El Despertador y habló sobre inflamación crónica de bajo grado, alimentación, intestino permeable y hábitos cotidianos.

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Planteó que no se trata solamente de qué comemos, sino también de cómo cocinamos, cómo comemos y qué lugar ocupan los alimentos ultraprocesados en nuestra dieta.


La inflamación no siempre aparece con una hinchazón visible, un golpe o una lesión. Pablo de la Iglesia, naturópata, sostiene que existe otra forma de inflamación que puede mantenerse durante largos períodos y que suele pasar inadvertida: la inflamación crónica de bajo grado.

Durante una entrevista en El Despertador, De la Iglesia diferenció la inflamación aguda de este proceso persistente. Explicó que la primera forma parte de los mecanismos normales de defensa del organismo. Ante una infección, un golpe o un traumatismo, el sistema inmunitario interviene para reparar los tejidos y enfrentar aquello que considera una amenaza.

El problema, según explicó, aparece cuando esa respuesta no termina y el organismo permanece en una especie de estado de alarma permanente.

Utilizó una imagen para explicarlo: brasas que quedan encendidas debajo de unas hojas y que todavía no provocan un incendio, pero conservan la posibilidad de hacerlo. En el organismo, describió ese fenómeno como una alarma que suena permanentemente a baja intensidad.

De acuerdo con su planteo, esa inflamación sostenida puede terminar afectando distintos tejidos, órganos y sistemas. La relacionó con enfermedades degenerativas y mencionó entre ellas las cardiovasculares, la diabetes y las enfermedades autoinmunes.

El cuerpo también avisa

Aunque habitualmente se habla de una inflamación “silenciosa”, De la Iglesia cuestionó esa definición. En su interpretación, el organismo ofrece señales que muchas veces se naturalizan o se tratan solamente como síntomas aislados.

Mencionó como posibles señales los dolores de cabeza, dolores articulares que aparecen y desaparecen, problemas digestivos, cansancio pese a haber dormido, niebla mental, dificultades de memoria y acumulación de grasa abdominal.

Su propuesta parte de una pregunta diferente frente a esos síntomas: en lugar de limitarse a intentar hacerlos desaparecer, preguntarse qué está provocando el malestar y qué cambios de hábitos podrían ayudar al organismo.

Tres factores que, según De la Iglesia, alimentan la inflamación

En la entrevista señaló tres grandes factores que considera relevantes.

El primero son las endotoxinas intestinales. Explicó que determinadas bacterias contienen estas sustancias y que, mientras permanecen dentro de la luz intestinal, forman parte del funcionamiento normal del organismo. Su preocupación aparece cuando atraviesan la barrera intestinal y llegan a la sangre.

El segundo factor es el exceso de insulina, que vinculó con un consumo elevado de azúcar, carbohidratos y alimentos ultraprocesados con escaso aporte de fibra y nutrientes. Según su explicación, cuando la glucosa aumenta, el organismo libera insulina para metabolizarla y, ante situaciones de exceso sostenido, pueden aparecer procesos inflamatorios.

El tercer elemento que mencionó es el estrés oxidativo, asociado en su planteo con factores como el estrés, el tabaco y el alcohol. Explicó que el sistema inmunitario utiliza mecanismos oxidativos para combatir microorganismos, pero que un exceso de estrés oxidativo puede afectar los tejidos. También vinculó este proceso con el funcionamiento de las mitocondrias y con la sensación de cansancio y falta de energía.

El intestino como “aduana”

Uno de los ejes centrales de la conversación fue el intestino.

De la Iglesia utiliza habitualmente una comparación: lo considera una especie de aduana del organismo, porque allí se produce una enorme superficie de contacto entre lo que ingerimos y el interior del cuerpo.

Explicó que el intestino posee una superficie extensa y que su función es seleccionar qué sustancias pueden atravesar la barrera intestinal. Describió esa barrera como una capa de células unidas mediante estructuras que funcionan como cierres, regulando el paso de nutrientes.

Cuando esa barrera pierde su funcionamiento adecuado aparece lo que se denomina permeabilidad intestinal aumentada, concepto que durante la entrevista se mencionó como “intestino permeable”.

De la Iglesia sostiene que una alimentación basada en alimentos reales y no en productos ultraprocesados constituye uno de los puntos de partida para cuidar esa barrera.

Gluten, tiroides y autoinmunidad: una relación que, según el entrevistado, requiere matices

La conversación avanzó luego hacia el trigo, el gluten y su posible relación con alteraciones intestinales y enfermedades autoinmunes.

De la Iglesia planteó que determinadas proteínas del trigo pueden estimular cambios en la permeabilidad intestinal y que, cuando esas proteínas atraviesan la barrera intestinal sin haber sido adecuadamente descompuestas, pueden ser reconocidas por el sistema inmunitario.

En ese contexto habló de una posible relación con enfermedades autoinmunes y mencionó específicamente la tiroides. Sin embargo, durante la propia entrevista aclaró que reducir estos problemas exclusivamente al gluten sería una simplificación y que existen múltiples factores que intervienen: alimentación, estrés oxidativo, grasas, yodo y otros componentes del estilo de vida.

También remarcó que la respuesta no es igual para todas las personas y que el efecto del gluten depende, entre otras cuestiones, del estado de la barrera intestinal.

Comer comida, no solamente productos con determinada etiqueta

Para De la Iglesia, la base de una alimentación orientada a reducir estos problemas está en volver a los alimentos reales.

Mencionó verduras, frutas, carnes y otros alimentos frescos, y puso el foco en reducir el peso de los ultraprocesados.

También hizo una distinción importante respecto de los productos que llevan determinadas etiquetas. Durante la charla cuestionó la idea de que un alimento sea necesariamente saludable por ser “vegano” o “sin gluten”. Un producto puede no contener carne o gluten y, al mismo tiempo, estar compuesto principalmente por harina refinada, azúcar, aceites industriales, colorantes o conservantes.

En el caso de las personas celíacas, sostuvo que la condición no debería llevarlas a reemplazar automáticamente los alimentos convencionales por productos ultraprocesados “aptos”. Su recomendación fue priorizar alimentos frescos: verduras, frutas, carnes, legumbres y otros productos sin procesar.

No se trata solamente de qué comemos

Otro punto de la entrevista fue la relación con la comida.

De la Iglesia planteó que no alcanza con elegir determinados alimentos si se come apurado, sin masticar adecuadamente o sin prestar atención a las cantidades y los tiempos.

“Comer bien”, en su enfoque, incluye masticar, ensalivar y comer tranquilo.

También habló de la importancia de incorporar alimentos crudos, especialmente verduras y ensaladas, aunque aclaró que no todo tiene que consumirse de esa manera.

Puso como ejemplo el brócoli, del que aprovecha incluso el tronco, y señaló que consume parte de las verduras crudas para preservar nutrientes y por una cuestión que definió como “enzimática”. Su propuesta práctica es que tanto en el almuerzo como en la cena haya una porción de ensalada y que, dentro del plato, las verduras tengan un lugar prioritario.

Cocinar menos y cuidar también los recipientes

La conversación también llegó a un aspecto que suele quedar fuera de las recomendaciones alimentarias: cómo cocinamos y dónde guardamos la comida.

De la Iglesia recomendó métodos de cocción más suaves, como el vapor o el fuego bajo, porque considera que permiten preservar mejor la integridad de los alimentos y facilitar la digestión.

También planteó reducir el uso de recipientes plásticos y de teflón y optar, cuando sea posible, por vidrio o acero inoxidable. Aclaró que no estaba hablando de dejar de comprar alimentos envasados, sino de los recipientes utilizados en el hogar para conservar y almacenar comida.

Cambiar sin convertir la alimentación en una obsesión

Una de las ideas que atravesó toda la charla fue evitar el planteo de todo o nada.

De la Iglesia sostuvo que una persona no debería ser juzgada por comer ocasionalmente una pizza, azúcar o un alimento de mala calidad. La cuestión, según explicó, es diferenciar entre aquello que forma parte de la alimentación habitual y aquello que se consume ocasionalmente por gusto.

Incluso propuso un ejemplo sencillo: si alguien come tres pizzas por semana, eliminar una de ellas ya representa un cambio. Otra posibilidad es buscar alternativas, como una pizza con harina integral y salsa de tomate natural, o reemplazarla ocasionalmente por otra comida.

“Buscarle la vuelta” fue, en definitiva, una de las ideas que más se repitieron durante la conversación.

También destacó el papel del entorno familiar. Sostuvo que cambiar los hábitos resulta más difícil cuando el resto de la familia no acompaña y que compartir el proceso puede ayudar a sostenerlo.

Una cuestión de hábitos y educación

La conversación terminó ampliando la mirada más allá de la alimentación individual.

De la Iglesia planteó que estos conocimientos deberían incorporarse desde edades tempranas y que la educación alimentaria podría formar parte de políticas destinadas a mejorar la salud colectiva. Habló de enseñar a comer, promover grupos que acompañen los cambios de hábitos y utilizar los recursos profesionales existentes para trabajar en prevención y educación.

La propuesta que quedó planteada durante la entrevista es concreta: no pensar la alimentación únicamente como una cuestión de calorías o de peso, sino como uno de los factores que intervienen en el funcionamiento general del organismo.

Y, sobre todo, empezar por cambios posibles. No abandonar todo de un día para otro, sino revisar qué se come habitualmente, cuánto lugar ocupan los ultraprocesados, cómo se preparan los alimentos y qué hábitos pueden modificarse de manera sostenida.

La entrevista con Pablo de la Iglesia fue realizada en El Despertador, por FM del Este 100.5. El contenido es de carácter informativo y no reemplaza la consulta, el diagnóstico ni las indicaciones de un profesional de la salud.

 

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