Malvinas, Milei y Elsztain: el empresario que invirtió en las islas y hoy queda en el centro de la nueva política de soberanía

Eduardo Elsztain, uno de los empresarios más cercanos a Javier Milei, mantiene una participación en la Falkland Islands Company, una compañía de fuerte peso económico y estratégico en las islas.
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En 2017 intentó quedarse con el control de la empresa, pero Londres bloqueó la operación. Ahora, mientras el Gobierno argentino endurece su posición frente a las inversiones británicas en Malvinas, la historia vuelve a aparecer y obliga a revisar una relación que conecta negocios, política, soberanía y poder.
La participación de Eduardo Elsztain en una empresa de las Islas Malvinas existe desde hace más de veinte años. No nació con Javier Milei, no fue consecuencia de la actual escalada diplomática y, según el propio empresario, tuvo desde el comienzo una motivación que él considera compatible con el reclamo argentino de soberanía.
Sin embargo, el dato adquiere una dimensión completamente distinta ahora que el Gobierno de Milei convirtió nuevamente a Malvinas en uno de los ejes de su discurso político, anunció sanciones contra empresas vinculadas con la explotación de hidrocarburos en las islas y prepara nuevas medidas de defensa y presencia argentina en el Atlántico Sur.

Elsztain es el presidente de IRSA, uno de los mayores grupos inmobiliarios del país; controla o participa en negocios inmobiliarios, agropecuarios, financieros y mineros; es uno de los principales organizadores del Foro Llao Llao, donde se reúne buena parte del poder económico argentino; y, sobre todo, construyó durante los últimos años una relación excepcionalmente estrecha con Javier Milei.
La revelación sobre su participación en la Falkland Islands Company, por lo tanto, no plantea por sí sola una irregularidad.
Pero sí abre una pregunta política que merece ser formulada:
¿Qué significa que uno de los empresarios más cercanos al Presidente tenga intereses económicos en una de las compañías históricas de las Islas Malvinas, justamente cuando el Gobierno argentino vuelve a endurecer su política sobre la soberanía?
Una inversión que empezó mucho antes de Milei presidente
La primera cuestión que debe quedar clara es cronológica.
Elsztain comenzó a comprar acciones de la Falkland Islands Company (FIC) entre 2005 y 2006. La empresa tiene una larga trayectoria en las islas y participa en actividades inmobiliarias, agropecuarias, comerciales, hoteleras y logísticas. Actualmente forma parte de FIH Group.
Según explicó el propio Elsztain esta semana, aquella inversión no fue concebida como una apuesta financiera convencional.
En una carta pública, sostuvo que su abuelo Isaac le había transmitido la idea de que si la Argentina hubiera tenido durante el siglo XX una mayor participación económica en la vida de las islas, quizás la guerra de 1982 podría haberse evitado. El empresario vinculó esa concepción con antecedentes históricos: afirmó que Juan Domingo Perón había intentado comprar la Falkland Islands Company y recordó también un intento realizado por el empresario argentino César Cao Saravia en 1977.
Sobre esa base, Elsztain sostiene que comenzó a adquirir acciones de la FIC con una finalidad que, en su interpretación, era esencialmente estratégica: incrementar la presencia económica argentina en las islas como una herramienta complementaria del reclamo de soberanía.
Pero existe un dato que vuelve la historia considerablemente más relevante, en 2017, Elsztain intentó ir mucho más lejos.
La operación que Londres no permitió
Ese año apareció una oportunidad para adquirir el control de la compañía. Elsztain decidió presentar una oferta para quedarse con la mayoría accionaria de la FIC a través de su fondo Dolphin.
Su explicación actual es que pensaba que la operación podía transformarse en un punto de partida para una participación económica argentina mucho más amplia en las islas. Incluso imaginaba que otros empresarios y ciudadanos argentinos podían acompañar el proyecto.
Pero la operación no prosperó.
Según Elsztain, las autoridades británicas bloquearon la adquisición. La entonces primera ministra Theresa May manifestó su oposición a que una empresa argentina tomara el control de la compañía. Finalmente, la mayoría accionaria quedó en manos de Staunton Holdings y la participación de Elsztain permaneció en torno del 2%.
La propia documentación corporativa de FIH Group correspondiente a 2017 registró entonces la existencia de una oferta de Staunton Holdings y un acercamiento del Dolphin Fund argentino durante el proceso de adquisición.
Es decir, no se trata de una historia recientemente descubierta ni de una operación secreta.
Elsztain intentó efectivamente quedarse con el control de una empresa que ocupa un lugar relevante en la estructura económica de las Malvinas y Londres se lo impidió.

El argumento de Elsztain: entrar en Malvinas para acercar Malvinas a la Argentina
La explicación del empresario merece ser analizada porque contiene una concepción particular de la soberanía.
Elsztain no presenta su inversión como un reconocimiento de la soberanía británica. Por el contrario, sostiene que el objetivo era exactamente el inverso: introducir capital y presencia empresarial argentina en las islas para estrechar los vínculos sociales, económicos y productivos y, eventualmente, fortalecer el reclamo argentino.
- Es una estrategia muy diferente de la confrontación diplomática.
- En lugar de aislar económicamente a las islas, busca ingresar en ellas.
- En lugar de romper vínculos, intenta profundizarlos.
Y en lugar de considerar cualquier inversión argentina en Malvinas como incompatible con el reclamo soberano, plantea que esa presencia económica puede convertirse en una herramienta de política exterior.
La discusión sobre si esa estrategia es acertada o no es legítima. Lo importante es que Elsztain la sostiene desde hace años y no apareció ahora como respuesta a la política de Milei.
Él mismo afirma que, si volviera a presentarse una oportunidad semejante, volvería a intentarlo.
El problema aparece cuando se cruza con Milei
La historia cambia cuando se incorpora el segundo elemento: la relación entre Eduardo Elsztain y Javier Milei.
El vínculo comenzó a hacerse visible en abril de 2023, cuando Milei participó del Foro Llao Llao, encuentro empresario organizado en el hotel propiedad de Elsztain y David Sutton. Allí el entonces candidato libertario expuso ante buena parte del empresariado argentino.
Elsztain se convirtió en uno de los empresarios más próximos al futuro Presidente. Milei utilizó el Hotel Libertador, propiedad de IRSA, como búnker electoral y posteriormente permaneció allí durante semanas después de las elecciones y durante la transición presidencial.
El dato no es menor. Durante las semanas posteriores al balotaje, el Libertador funcionó como uno de los principales centros de operaciones del presidente electo. Allí se realizaron reuniones para definir el futuro gabinete y circularon dirigentes, colaboradores y empresarios.
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Elsztain: vicepresidente del Congreso Judío Mundial, devastó la 2da selva tropical de América.
Elsztain acompañó a Milei en actividades vinculadas con su acercamiento al judaísmo ortodoxo y viajó con él a Nueva York para visitar la tumba del rabino Menachem Mendel Schneerson, referente de Jabad Lubavitch.
Una investigación de LA NACION describe a Elsztain como uno de los principales puentes entre Milei y sectores relevantes de la comunidad judía argentina durante la campaña.
Por eso, aunque no es correcto afirmar sin documentación que Elsztain haya sido “el principal financista” de Milei, sí es perfectamente comprobable que fue uno de los empresarios que más tempranamente construyó una relación política y personal con el candidato y que le brindó infraestructura de su propio grupo empresario.
Los registros de campaña aportan una precisión adicional: La Libertad Avanza informó gastos por más de $4 millones en dos facturas correspondientes al Hotel Libertador durante las elecciones generales y el balotaje. Además, Milei declaró haber pagado personalmente unos $2,5 millones por su habitación hasta el 9 de diciembre.
Por lo tanto, el vínculo existe y está documentado; lo que no corresponde afirmar como hecho probado es que Elsztain haya financiado personalmente la campaña de Milei por fuera de los aportes registrados.
El empresario que acompaña al Gobierno también tiene negocios en Malvinas
Aquí aparece la verdadera pregunta periodística.
Mientras Milei construye un nuevo discurso sobre Malvinas, uno de los empresarios más cercanos al Presidente mantiene una participación en una compañía vinculada directamente con la economía de las islas.
Elsztain sostiene que su inversión responde precisamente a una estrategia destinada a fortalecer la posición argentina, pero tampoco es un dato políticamente irrelevante porque el Gobierno acaba de anunciar que pretende endurecer las sanciones contra empresas, accionistas, directivos y proveedores vinculados con actividades hidrocarburíferas desarrolladas en Malvinas sin autorización argentina.
Y mientras el Ejecutivo anuncia esas medidas, el nombre de Elsztain aparece asociado a una empresa cuya actividad en las islas es mucho más amplia que la explotación petrolera.
Es aquí donde conviene hacer una distinción.
La Falkland Islands Company no es Navitas Petroleum ni Rockhopper Exploration. La participación de Elsztain no equivale a una participación en Sea Lion. No existe evidencia en las fuentes consultadas de que Elsztain sea accionista del proyecto petrolero Sea Lion.
Su inversión está vinculada con la FIC, una compañía de servicios, propiedades, actividades agropecuarias, hotelería y otras operaciones económicas en las islas. La precisión es fundamental para no convertir una historia compleja en una acusación que los hechos disponibles no sostienen.
Pero el contexto petrolero vuelve la cuestión todavía más sensible
La discusión ocurre, además, cuando Malvinas atraviesa una transformación económica que puede modificar profundamente el valor estratégico del archipiélago.
El proyecto Sea Lion, desarrollado por la israelí Navitas Petroleum junto con la británica Rockhopper Exploration, prevé comenzar a producir petróleo en 2028. La primera fase contempla una producción aproximada de 50.000 barriles diarios y una inversión de capital estimada en alrededor de US$2.200 millones. El recurso estimado ronda los 1.700 millones de barriles.
Esto significa que las islas podrían dejar de ser solamente un territorio disputado por razones históricas y estratégicas para convertirse también en un productor petrolero de importancia.
Y allí aparece otra paradoja política.
El Gobierno de Milei mantiene una relación especialmente estrecha con Israel. Sin embargo, la empresa que encabeza el desarrollo de Sea Lion es israelí.
La Argentina anunció sanciones contra las empresas involucradas y ahora incluso presentó una denuncia penal contra Navitas y sus directivos por la explotación de hidrocarburos en las islas.
El conflicto, por lo tanto, ya no es solamente argentino-británico.

Una pregunta que el Gobierno debería responder
El canciller Pablo Quirno salió públicamente en defensa de Elsztain y sostuvo que su inversión no constituye una traición, sino que responde a una estrategia destinada a fortalecer la posición argentina.
La posición oficial es clara.
Pero precisamente por eso sería razonable que el Gobierno explique con el mismo nivel de claridad cómo piensa compatibilizar su nueva política de sanciones con las distintas inversiones argentinas que existen en las islas y cuál es la diferencia entre una inversión que, según su interpretación, puede fortalecer el reclamo de soberanía y otra que considera ilegítima.
La respuesta debería ser jurídica y política, no personal.
Porque el verdadero debate no es si Eduardo Elsztain es patriota o traidor. Esa simplificación no aporta absolutamente nada.
La discusión importante es qué estrategia económica debe adoptar la Argentina frente a las islas mientras reclama su soberanía.
- ¿Debe aislarlas?
- ¿Debe sancionar a quienes hacen negocios allí?
- ¿Debe intentar incrementar la presencia empresarial argentina?
- ¿Puede una empresa argentina invertir en Malvinas y, al mismo tiempo, sostener que ese territorio pertenece a la Argentina?
Elsztain responde que sí.
Y su propia historia empresarial constituye un caso concreto para discutir esa estrategia.
Malvinas como negocio, Malvinas como política
El caso Elsztain obliga, además, a mirar una dimensión que suele quedar fuera de la discusión pública.
Las islas son un territorio disputado, pero también son una economía. Hay tierras, propiedades, hoteles, servicios, pesca, infraestructura, empresas, logística y, ahora, petróleo.
Quien controla esas actividades obtiene también capacidad de influencia.
Por eso resulta interesante que un empresario argentino haya intentado en 2017 adquirir la compañía que, según la propia documentación de FIH Group, constituía uno de los principales negocios de las islas y que el Reino Unido haya intervenido políticamente para impedir que una firma argentina alcanzara su control.
Ese episodio permite formular una pregunta que va mucho más allá de Elsztain:
¿Hasta dónde está dispuesto el Reino Unido a permitir que capitales argentinos ingresen en la economía de las islas?
La respuesta de 2017 fue clara.
No permitió que una empresa argentina tomara el control de la FIC.
La historia vuelve justo cuando Milei necesita una nueva narrativa
Hay, finalmente, un elemento político que no puede ignorarse.
La recuperación de la cuestión Malvinas se produce en un momento en que Milei enfrenta un escenario político más complejo y se aproxima el ciclo electoral de 2027. Una encuesta reciente de Management & Fit publicada por El País señaló que el 61,1% de los consultados interpreta el giro presidencial sobre Malvinas como una conveniencia política.
Eso no demuestra que la política de Malvinas sea una maniobra electoral, pero sí demuestra que existe una percepción social significativa en ese sentido y a allí la figura de Elsztain introduce una dimensión adicional.
Porque si el Presidente construye una nueva narrativa nacionalista alrededor de Malvinas mientras uno de sus empresarios aliados mantiene intereses económicos en las islas, el Gobierno deberá ser particularmente cuidadoso para explicar dónde termina el interés privado y dónde comienza la estrategia de Estado.
La pregunta de fondo no es Elsztain
Malvinas está entrando en una nueva etapa. Donald Trump dejó abierta una eventual revisión de la posición estadounidense; Javier Milei recuperó un discurso de fuerte contenido soberanista; el Reino Unido reafirma que no negociará la soberanía; el petróleo de Sea Lion avanza hacia su etapa de producción; Israel aparece involucrado empresarialmente en ese proyecto; China observa desde una región cada vez más disputada estratégicamente; y Argentina intenta reconstruir su presencia militar y logística en el Atlántico Sur.
Si el Reino Unido considera que la propiedad económica también forma parte de su seguridad sobre Malvinas, entonces la disputa por las islas no se libra solamente en Naciones Unidas, en los discursos presidenciales o en los mapas militares. También se libra en los directorios de las empresas, en los mercados de capitales y en quién consigue controlar los negocios que sostienen la vida económica del archipiélago.
FM del Este con info de La Nación
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