La interna oficialista: Cuando rompieron los vidrios de su oficina, Cristina Kirchner estaba operando contra el Gobierno

Torcer votos fue la estrategia de la vicepresidenta con llamadas y otro tipo de presiones a diputados leales. Aún así, apenas pudo aplanar el caudal favorable al acuerdo con el FMI.

Cristina Kirchner durante la Asamblea Legislativa del 1º de marzo. Foto: Reuters

Nicolás Wiñazki

Nicolás Wiñazki

Allí estaba, junt a su hijo, el diputado Máximo Kirchner, y también en compañía de los senadores nacionales Oscar Parrilli y Anabel Fernández Sagasti, porque habían acordado trabajar en contra del proyecto del oficialismo para que el Congreso apruebe el nuevo pacto con el FMI.

De acuerdo a once fuentes oficiales, con cargos en el Poder Legislativo y el Ejecutivo, los K ya sabían el jueves por la mañana que la Casa Rosada ganaría la votación de la discordia gracias al consenso que logró conseguir el titular de la Cámara baja, Sergio Massa, con los bloques de la oposición, y con una parte de la bancada del Frente de Todos.

Pero los Kirchner decidieron presionar hasta último momentoa legisladores que consideraban que podían cambiar de opinión si recibían un llamado de atención de su parte. Así pasó. La vice y su hijo buscaron conseguir una “masa crítica”lo más numerosa posible para mostrarle al Gobierno, a su Gobierno, que el kirchnerismo más radicalizado tiene fuerza en el Parlamento, y que tiene fuerza y audacia para rebelarse ante políticas vitales para el Jefe de Estado.

Treinta y siete diputados votaron en contra de aprobar el nuevo endeudamiento con el Fondo que negociaron el presidente Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán. Entre ellos se deben contar los votos negativos de los diputados libertarios; de Ricardo López Murphy; y de los partidos de Izquierda. La gran mayoría, igualmente, provinieron del bloque K. Paradojas de una alianza en el poder que se quebró y quizás se quiebre para siempre. Trece legisladores fueron los que finalmente se abstuvieron.

Entre ellos también hubo cambio de votos debido a las operaciones precisas de los Kirchner.

La media sanción del proyecto de Alberto Fernández y la oposición se logró con doscientos dos votos a favor.

No eran los números esperados por el presidente Alberto Fernández, que igualmente quedó satisfecho con esta primera batalla legislativa en la que logró una “victoria”. Falta ahora el Senado. El trámite sería allí más rápido. No solo por la media sanción que se obtuvo en Diputados. Sino también porque el ataque de las piedras contra el despacho de la vice la convencieron de que este proyecto de ley debe ser ratificado lo más rápido posible por el Congreso.

¿Estará Cristina presente en la sesión donde se defina este tema? ¿O se ausentará?

Enigmas que en el oficialismo nadie se anima a confirmar.

El presidente de la Cámara baja, Sergio Massa, fue quien lideró los acuerdos con los bloques de la oposición llegando a un consenso único para un proyecto de ley de esta envergadura.

El bloque del Frente de Todos, el propio, fue el que mostró mayor beligerancia.

De acuerdo a fuentes que trabajaron sobre esta cuestión con el Presidente, Fernández no supo hasta último momento cuál sería la posición que tomarían tanto Máximo Kirchner como el resto de los diputados que le son leales de modo total.

El Jefe de Estado se había ilusionado con que todos ellos, sobre todo los legisladores que militan en La Cámpora, se abstuvieran para evitar un mayor número de rechazos a su proyecto.

Kirchner guardó tanto el secreto de cuál sería su postura, que varios de sus diputados de mayor confianza supieron que debían votar en contra de los deseos de la Casa Rosada cuando Kirchner hijo apareció caminando intrigante en el recinto, al filo del término de la sesión. Tres de la mañana del viernes. A través de un whatsapp, el ex jefe de bloque habría instruido entonces a lo suyos a rechazar el acuerdo con el Fondo.

Esa postura enojó al mandatario, supo Clarín de fuentes de su entorno.

Kirchner indicaba así que resistía y rechazaba una de las políticas cruciales para los dos años que restan de gestión presidencial, Alberto Fernández pensaba que el daño a su propia coalición sería menor si esos mismos votos negativos hubiesen sido contabilizadas como abstenciones.

Ocurre que el cálculo previo que había hecho, siempre apoyándose también diputados de confianza,y en el nuevo jefe de la bancada del Frente de Todos, Germán Martínez, le mostraron hasta dónde y con cuánta energía los Kirchner están dispuestos a enfrentar a su autoridad. Y a trabar proyecto y acciones de un Gabinete que trabaja partido por las internas, mientras él intenta liderar un Gobierno conformado por una coalición que todo indica que ya no existe como tal.

Las operaciones en contra de los Kirchner en el día de la votación convencieron aún más al Jefe de Estado que el tránsito hasta el 2023 será tortuoso, o más bien de enfrentamiento total entre dos facciones del peronismo oficialista.

Siempre de acuerdo a la más de una decena de fuentes consultadas por Clarín para esta nota, los llamados de los K que lograron cambiar votos de legisladores que iban a apoyar el proyecto de ley del Gobierno fueron varios.

Entre ellos, el del doctor Daniel Gollán, ex ministro de Salud de Buenos Aires.

A las diez de la noche del día de la sesión, Gollán aceptaba que votaría a favor de cerrar un nuevo acuerdo con el FMI. Un llamado de la propia vicepresidenta lo convenció de modificar sus principios para que lo cuenten entre la abstenciones de esa sesión tan especial.

Algo similar pero diferente le ocurrió, siempre de acuerdo a las mismas fuentes, al referente de la CTA, Hugo Yasky, quien había adelantado que votaría a favor del arreglo con el Fondo.

Llamaron los K y entendió que lo mejor era abstenerse antes que demostrar lealtad a la Casa Rosada. Yasky se justificó después argumentando que trabajará para la unidad del Frente de Todos.

Otra diputada que había dejado trascender que votaría favor de los deseos de la Casa de Gobierno fue Alejandra Obeid. Las fuentes de su bloque afirman que fue uno de sus compañeros de banca, el camporista Marcos Cleri, quien, por orden de Máximo Kirchner, la hizo entender que su voto debía ser exacto en contrario. Pasó. Obeid finalmente votó negativo.

Otros dos legisladores que habían llegado desde su provincia pensando que los sucesos serían distintos fueron los legisladores por Santa Cruz, Jorge Verón y Gustavo González. Ambos se abstuvieron a pesar de que la gobernadora de la provincia, Alicia Kirchner, había tuiteado dando señales de que de que apoyaría al Gobierno en esta sesión.

En la misma disyuntiva entró el legislador oriundo de Pergamino, Lisandro Bormiolli.

Tras las presiones K, decidió abstenerse.

El Presidente y su vice Cristina solo se comunicaron el día de la sesión cuando el Jefe de Estado se enteró los detalles del ataque a piedrazos a las oficinas más importantes del Senado.

El estrépito, los gritos y los peligros que se sucedieron dentro del despacho de Cristina fueron adelantados en TN por la periodista María Eugenia Duffard. Clarín pudo reconstruir, por su parte, que la vice, su hijo Máximo y Parrilli, sobre todo, estaban allí presentes en el Congreso porque así habían organizado seguir la sesión en la que se jugaban una parte del poder contra el nuevo adversario interno, el propio presidente Fernández.

La vice usó el ataque a piedrazos, que realmente la puso en peligro, para emitir un video en el que describió los hechos en tono dramático, y en el que por primera vez hizo pública su posición respecto al plan oficial con el Fondo: “El FMI trae políticas de hambre”, soltó en medio de su relato, en el que dio a entender que los agresores pudieron haber actuado por órdenes de jefes vinculados a la política.

Ese ataque externo la dejó temblando. Su custodia actuó con su plan más extremo. Se activó el llamado “operativo cápsula”, es decir, la evacuación del custodiado hacia una zona segura. Ese sitio, en el Congreso, está ubicado en el centro mismo del Palacio, siempre que el peligro provenga extramuros.

Cristina fue llevada a oficinas que están un piso más abajo de las suyas.

Después partió.

Su hijo, no.

Fuente: Clarin.com

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