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José María Muñoz, la voz que hacía ver el fútbol con los oídos

José María Muñoz, la voz que hacía ver el fútbol con los oídos

José María Muñoz

A 34 años de su muerte, el recuerdo del hombre que convirtió cada partido en una emoción compartida. Durante décadas, su garganta fue la cancha de millones de argentinos.


Hay voces que no se olvidan. Voces que alcanzan para cerrar los ojos y volver a una tarde de domingo, a una pelota que viaja hacia el área, a un gol que todavía no sabemos si va a terminar en alegría o en tristeza. Para varias generaciones de argentinos, esa voz tuvo nombre y apellido: José María Muñoz.





El 14 de octubre de 1992, hace exactamente 34 años, murió a los 68 años el hombre que durante décadas fue conocido como el Relator de América. Con él se apagó una de las voces más reconocibles de la radio argentina, pero quedaron sus gritos, sus pausas, sus frases y esa manera tan particular de transformar un partido de fútbol en una aventura que se vivía mucho más allá de la cancha.

Porque antes de las transmisiones televisivas permanentes, de las repeticiones instantáneas y de las pantallas que hoy nos muestran cada jugada desde todos los ángulos, el fútbol también se construía con la imaginación. Había que escuchar para ver. Y Muñoz sabía cómo hacerlo.

Una radio, una pelota y millones de corazones

Su casa profesional fue Radio Rivadavia. Allí construyó una trayectoria que lo convirtió en una figura central del periodismo deportivo argentino y en el gran referente de La Oral Deportiva, el histórico programa que acompañó a los aficionados durante décadas.

Su voz tenía una personalidad inconfundible. Podía llevar al oyente desde la tranquilidad de un pase en mitad de cancha hasta el vértigo de una llegada al área. Y cuando la pelota quedaba cerca del arco, aparecía una de sus expresiones más recordadas: «¡Peligro de gol!».

También quedaron en la memoria sus «¡gol, gol, gol!» y aquella forma de conducir una transmisión en la que parecía que nada podía escapar a su atención.

Muñoz no relataba solamente para quien estaba en su casa. Lo escuchaban los automovilistas, los comerciantes, los trabajadores, los hinchas en las tribunas y los que se reunían alrededor de una pequeña radio a transistores. En muchos hogares, bajar el volumen del televisor para escuchar su relato era parte del ritual futbolero.

Su influencia fue tan grande que su nombre terminó asociado a una manera de entender la radio deportiva: información permanente, una enorme red de corresponsales y una transmisión que no se limitaba a los noventa minutos de un partido.

La Oral Deportiva era mucho más que fútbol. Era el resultado de otras canchas, el boxeo, el automovilismo y las noticias del deporte argentino y mundial. Muñoz había convertido aquel espacio en una compañía cotidiana.

La Fundación Konex lo distinguió en 1987 con el Diploma al Mérito en Comunicación, dentro del rubro Deportiva Audiovisual. Era el reconocimiento a una trayectoria que había marcado a varias generaciones de periodistas y oyentes.

El último relato, desde una cama de hospital

La historia de su despedida parece escrita por el mismo fútbol que tantas veces había llevado a la emoción desde un micrófono.

El 12 de octubre de 1992, mientras permanecía internado y su salud estaba seriamente deteriorada, Muñoz volvió a ponerse al frente de una transmisión de Boca-River para Radio Rivadavia. Lo hizo desde su cama, con la voz debilitada, pero todavía aferrado a aquello que había sido el centro de su vida.

Aquel último Superclásico tuvo algo de despedida anticipada. El hombre que durante décadas había acompañado a millones de hinchas no quería faltar a la cita. Su cuerpo ya no respondía como antes, pero su vocación seguía allí.

Dos días después murió.

La noticia golpeó a un mundo deportivo que reconocía en él a uno de sus protagonistas más importantes. Diego Maradona, una de las figuras que habían atravesado sus relatos, estuvo entre quienes lo despidieron.

Cuesta imaginar una despedida más ligada a su historia: la voz que había acompañado tantos domingos eligió permanecer cerca de una pelota hasta el final.

Las Fiestas Mayas, otra pasión más allá del fútbol

Muñoz también dejó su huella fuera de las canchas. Fue uno de los grandes impulsores de las Fiestas Mayas, la tradicional prueba atlética que se realiza cada 25 de mayo en Buenos Aires.

Durante años promovió aquella competencia, que reunió a miles de participantes y vinculó el deporte con una fecha fundamental de la historia argentina. Después de su muerte, la prueba incorporó su nombre como homenaje.

Era otra expresión de su convicción de que el deporte podía movilizar a la sociedad, convocar multitudes y convertirse en una celebración compartida.

Una voz inolvidable, una historia que no puede contarse a medias

Pero recordar a José María Muñoz exige también mirar de frente las contradicciones de su trayectoria.

Su figura quedó profundamente cuestionada por su respaldo a la dictadura militar durante el Mundial de 1978 y, especialmente, por sus intervenciones públicas durante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la Argentina, en septiembre de 1979.

Mientras familiares de personas desaparecidas buscaban denunciar los crímenes de la dictadura, Muñoz convocó a la población a concentrarse en la avenida de Mayo para repudiar a la Comisión. El seleccionado juvenil argentino, capitaneado por Diego Maradona, acababa de consagrarse campeón mundial en Japón y el éxito deportivo fue utilizado por el régimen en un contexto de denuncias por violaciones a los derechos humanos.

Aquella actuación forma parte de su legado y no puede borrarse detrás de sus grandes relatos. Su talento profesional y su enorme popularidad convivieron con decisiones públicas que merecen ser recordadas y cuestionadas.

La historia no obliga a elegir entre una cosa y la otra. Se puede reconocer lo que significó para la radio argentina y, al mismo tiempo, señalar su responsabilidad en aquellos acontecimientos.





Cuando el fútbol se escuchaba

La muerte de Muñoz no terminó con su influencia. Sus expresiones sobrevivieron en la memoria de quienes crecieron escuchándolo y en el trabajo de los relatores que encontraron en él una referencia, incluso cuando eligieron caminos diferentes.

Hay algo profundamente argentino en aquella imagen de un domingo, una radio encendida y un gol que parece no terminar nunca. En esa garganta que estiraba la emoción hasta hacerla inolvidable. En el hincha que, aun sin ver la cancha, sabía exactamente dónde estaba la pelota.

José María Muñoz fue parte de esa historia. Una voz capaz de reunir a millones alrededor de una misma pasión, de convertir el relato en espectáculo y de hacer que el fútbol llegara a lugares donde las imágenes no podían hacerlo.

Hoy, cuando todo se ve y todo parece estar al alcance de una pantalla, recordar a Muñoz es volver a una época en la que escuchar también era mirar.

Y aunque el tiempo haya pasado, todavía alcanza con pronunciar aquellas palabras para que regresen los domingos de radio, la ansiedad del área y el grito que parecía no tener final.

Porque algunas voces se apagan. Pero las que forman parte de la memoria colectiva siguen jugando su partido.

FM del Este 100.5

 

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