Salvarredy 1024 Chajarí
+54 9 3456 622584
fmdeleste@live.com.ar

¿Cómo lo hizo? El secretario de Kirchner arrancó con una vivienda social y terminó con 32 departamentos de lujo

¿Cómo lo hizo? El secretario de Kirchner arrancó con una vivienda social y terminó con 32 departamentos de lujo

Ella tenía una vivienda social que le había dado el Estado. Él, además de ser secretario privado, tenía como ocupación principal cargar bolsos.


Carolina Pochetti recibió en 1999 la Casa 146 del Barrio “152 Viviendas” de Río Gallegos: una vivienda social del Instituto de Desarrollo Urbano y Vivienda de Santa Cruz, adjudicada mientras Néstor Kirchner gobernaba la provincia. Héctor Daniel Muñoz era el secretario privado de ese mismo Kirchner, el hombre que abría las puertas, tomaba los mensajes, recibía las visitas. El empleado leal, el discreto, el de confianza.

Llegaron a la Casa Rosada de la mano del matrimonio que ejerció tres presidencias. Después de 10 años de gobierno, el feroz matrimonio de Pochetti y Muñoz llegó a manejar 113 inmuebles en la Argentina y más de 30 departamentos lujosos en Estados Unidos, puntualmente en Miami y Nueva York. Luego, esa fortuna se convirtió en cuatro parcelas de tierra frente al mar en las Islas Turks and Caicos, uno de los lugares más caros del planeta. Allí tenían un proyecto: un resort de lujo que nunca llegó a construirse, pero que hoy vale alrededor de 30 millones de dólares.

Progreso. En 1999, el matrimonio Muñoz recibió una vivienda social de Santa Cruz; 10 años después manejaban millones, incluyendo un departamento en el Plaza Hotel de la Quinta Avenida, en Nueva York

La justicia federal reconstruyó ese camino a partir de la causa Cuadernos. El fiscal Carlos Stornelli y el fallecido juez Claudio Bonadio lograron centenares de pruebas, en la Argentina y Estados Unidos, además de una docena de confesiones de arrepentidos, entre ellas, la de Víctor Manzanares, el contador de los Kirchner, que detalló el laberíntico entramado con el que movían los kilos de dólares. Se llegó, incluso, a embargar aquellos lotes en un verdadero paraíso en pleno Caribe. Hace un par de semanas, el juez Ariel Lijo, interino en el juzgado vacante que dejó Bonadio, firmó un auto de elevación a juicio de 259 páginas que describe, escritura por escritura y transferencia por transferencia, cómo la plata de los sobornos que recaudaba Roberto Baratta en el ministerio de Planificación Federal —y que llegaba a manos de Muñoz en bolsos de efectivo, semana a semana, en el domicilio de los Kirchner ubicado en Juncal y Uruguay, en la quinta presidencial de Olivos y en Casa Rosada— se convirtió en un departamento en el Plaza Hotel de la Quinta Avenida, en una suite de lujo en Sunny Isles Beach y en cuentas bancarias distribuidas entre Andorra, las Islas Vírgenes Británicas, Hong Kong y México. El expediente tiene el número 17459/2018 y es el gran desprendimiento patrimonial de los Cuadernos de las Coimas. Ya mandó a 33 personas a juicio oral. Es, además, un manual de lavado de dinero, tanto en el país como en el exterior. Daniel Muñoz murió en 2016; Carolina Pochetti enfrentará el juicio como arrepentida y millonaria. De aquella vivienda social, no quedaron ni rastros.

Total de inmuebles que la Justicia atribuye al entramado de sociedades que manejaba el matrimonio

El inventario que encontró la Justicia cuenta con 113 propiedades en la Argentina: departamentos en Palermo y Belgrano, garajes en Villa Urquiza, terrenos en El Calafate y Río Gallegos, una estancia ganadera en Santa Cruz de 6712 hectáreas, cabañas en Villa La Angostura y campos en Misiones. A esto se suman 32 inmuebles en Estados Unidos: cuatro unidades solo en el edificio Icon Brickell de Miami, dos suites en el Turnberry Ocean Colony de Sunny Isles Beach, una unidad valuada en 10,7 millones de dólares en el Regalia —el edificio más exclusivo de la costa de Florida— y, como pieza central de la colección: dos departamentos en el Plaza Hotel de Nueva York: uno comprado en 1,85 millones de dólares y otro en 13,05 millones. Para ilustrar: Muñoz y Pochetti pasaron en 10 años de una vivienda social en Río Gallegos a compartir el piso, en un duplex similar, con Tommy Hilfiger, uno de los íconos de la moda actual. Ambos con vista al Central Park, una de las ubicaciones más exclusivas del mundo. En total, amasaron en los Estados Unidos más de 75 millones de dólares en propiedades. Detrás de esas propiedades se tejió una formidable red de sociedades nutridas por millones de dólares que partían desde los lugares más variados del mundo. Cuando la red empezó a vender activos en Estados Unidos —apurada por la exposición de los Panama Papers, en 2016— el dinero no volvió a la Argentina. Se dispersó. En seis meses, entre noviembre de 2016 y mayo de 2017, salieron US$15,7 millones desde cuentas en el Bank of America hacia 12 destinos en siete jurisdicciones distintas: cuatro empresas mexicanas con cuentas en el Banco Mercantil del Norte de Monterrey (US$6,4 millones en total), una sociedad en Hong Kong llamada Royal Stones Limited con cuenta en el Citibank local (US$1,38 millones), una firma en California que mandó la plata a Asia, y una sociedad en Delaware que se llamaba Cono Sur Logistics Corporation. Todo esto, según el auto de elevación a juicio, se basa en decenas de oficios y testimonios que armaron un verdadero rompecabezas del delito. Dos arrepentidos, Víctor Alejandro Manzanares —contador del matrimonio Kirchner y de Muñoz desde 2005— y Sergio Esteban Todisco, describieron desde adentro cómo funcionaba la cadena.

Cómo lavaban el dinero en Estados Unidos

Ejemplo de un inmueble en ubicado en Miami

Junto a su exmujer, Elizabet María Ortiz Municoy, Todisco conformó una red internacional de sociedades y estructuras financieras para lavar millones de dólares provenientes de lo recaudado por Muñoz. Fue detenido en 2018, pero logró su excarcelación tras acogerse a la figura de imputado colaborador (arrepentido) y declarar ante Stornelli. Manzanares lo llamó como lo que era: plata de los sobornos de la obra pública, guardada en bolsos y cajas de seguridad, invertida después en nombre de otros para que el dinero pareciera legítimo. “La plata de Muñoz procedía de lo que él retiraba de estas remesas que llegaban a Río Gallegos, que venían en el Tango 01 y en un avión privado que estacionaba cerca de un hangar”, dijo Manzanares. Esos dichos del contador fueron ratificados hace menos de un mes en las declaraciones testimoniales de pilotos y tripulantes de la flota presidencial de aviones utilizada por Néstor y Cristina Kirchner que declararon en la Causa Cuadernos. Todos coincidieron y describieron dinámicas similares: vuelos por el día en los que viajaban solamente diarios y “síntesis de prensa”; valijas o bolsos de mano que en ocasiones no pasaban por los escáneres correspondientes; la orden que bajaba de los Kirchner de “no moverse de la cabina” y la casi nula comunicación con el matrimonio, que por momentos rozaba el destrato. “Sinceramente me dolía que no saluden. Nunca nos saludaron”, reconoció el piloto militar Domingo Edgardo Zelaya. “Vi cuando llegaba el equipaje. Y no pasaba por el escáner”, sostuvo, al ser consultado sobre los protocolos. “¿Cómo puede ser que nosotros los tripulantes sí pasábamos nuestro bolso por el escáner y ellos no lo pasaban?“, se preguntó. El ex contador de la familia presidencial reconoció que cometió delitos de corrupción y que sabía que Muñoz robaba dinero del Estado. Lo ejemplificó contando un diálogo. “Empecé a darme cuenta que era como un barril sin fondo. Le pregunté a Daniel: ‘¿Para qué robar tanto si ya tenés el bronce por conducir los destinos de la patria?’ El me respondió: ‘No, no, acá nadie robó nada. Esta es la comisión que se le cobra a la patria por hacer las cosas bien. Una comisión que se le cobra al pueblo por hacer las cosas bien, por eliminar la deuda externa”, explicó en una entrevista con el programa La Cornisa.

Propiedades en Estados Unidos

Acumulación. Las propiedades de Muñoz y su mujer incluyen viviendas en Brickell Ave, Collins Avenue y el hotel Saint Regis, todas en Miami

Según lo que se desprende del expediente, el paso a paso para el lavado de dinero podría resumirse así. Paso uno. Abrir una, dos o la cantidad de sociedades necesarias y bautizarlas con un nombre cualquiera, como Madaco, Patagon Adventure, Mother Queen u Old Wolf, por citar algunas. Luego, ponerlas a nombre de alguien: un contador, una cuñada, un exsocio, un mexicano sin patrimonio que nunca pisó la Argentina. Esa persona firmará lo que haga falta. La idea es que no pregunte nada. O si pregunta, que no discuta la respuesta. En la jerga, testaferros, prestanombres; verdaderos hombres de paja. Paso dos. Comprar propiedades. La forma elegida por el clan Muñoz fue adquirirlas baratas —en los papeles, claro—, con el precio bajo impreso en la escritura. Algunos ejemplos: un terreno de 7500 metros cuadrados en 25 de mayo, La Pampa, por 3500 dólares; un garaje en el barrio de Coghlan por 210.000 dólares o un edificio en Río Gallegos por un monto que nadie discute porque el escribano que lo certifica es el mismo de siempre. La diferencia entre lo que dice el papel y lo que realmente se pagó se liquida en efectivo, en el acto, sin registro. Paso tres. Esperar algún tiempo. Ocho años, si hace falta. Las propiedades no hacen preguntas. Paso cuatro. Luego llega la venta, y entonces ahí se usaron los inmuebles como moneda de cambio. El garaje de Coghlan, comprado en US$210.000 dólares, se vendió 10 meses después en US$1.270.000. En ese acto, se blanquearon un millón de dólares . El terreno pampeano, comprado por US$3500, se usó años después como parte de pago de un departamento en Vicente López al que las partes le asignaron un valor 34 veces superior. La diferencia es, en los papeles, una ganancia legítima. En la realidad, es plata sucia que acaba de quedar limpia. El mismo escribano certifica las dos puntas de la operación y los compradores y vendedores muchas veces pertenecen a un mismo grupo que compra y vende a precios mayores para lavar. Paso cinco. Cuando la cifra es demasiado grande para el mercado argentino —y en este caso era de más de US$100 millones—, se envía al exterior. En uno de los ejemplos que LA NACION utilizó para contar el mecanismo, el dinero se transfería desde una cuenta en Andorra a una sociedad en las Islas Vírgenes Británicas. La sociedad en las Vírgenes compró, a través de una LLC de Florida (Limited Liability Company o Compañía de Responsabilidad Limitada, que es una estructura legal empresarial en Estados Unidos que permite una gran flexibilidad fiscal), un departamento en Miami. El departamento quedó en los libros como un activo corporativo. Nadie mira dentro de una LLC en Florida. Paso seis, el último y el más elegante. Cuando llegó el momento de la venta, el cierre de la operación lo procesó Chicago Title Insurance Company, una de las mayores aseguradoras de títulos de Estados Unidos, regulada por el Estado de Florida, con millones de transacciones por año. Entonces, Chicago Title transfirió el producido al banco del vendedor. El transfer llega con un concepto impecable: “Ingresos provenientes de la venta del bien inmueble ubicado en 1177 SW 8th Street, Miami, FL. El lote, para ilustrar, es una manzana a pocas cuadras del centro de Miami, donde funciona una enorme farmacia CVS, con playa de estacionamiento propia y produce una renta anual millonaria al alquilarla. Todo era de Muñoz y Pochetti.

Cómo se lavaba dinero en la Argentina

Ejemplo de una propiedad utilizada para dejar dinero en blanco

De regreso al esquema, ni el banco ni nadie hace preguntas. El dinero negro entró al sistema como inversión inmobiliaria en 2012 y salió en 2016 como ganancia documentada. Ya es blanco. Lo que vino después es el reparto de esos millones de dólares en cuentas repartidas por todo el planeta. México, Hong Kong, Taiwán, Corea, una secuencia de destinos utilizada sólo para borrar el rastro.

Eso es lo que el Juzgado Criminal y Correccional Federal N°11 llama lavado de activos agravado. Treinta y tres personas van a juicio por haberlo hecho. La historia empieza con una vivienda social en Río Gallegos y termina con un proyecto de resort en el Caribe. Pasaron 10 años y varios kilos de bolsos pesados.

Por Diego Cabot/La Nación

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

🔍