Desmonte brutal en zona protegida: destruyen selva en galería para construir un camping con aval de CODESAL
La construcción de un camping del Sindicato de Trabajadores de la Industria Alimenticia (STIA) arrasó con un sector de la selva en galería, uno de los ecosistemas más ricos y frágiles del litoral argentino.
En tiempos donde la conciencia ambiental debería ser prioridad y el monte nativo, un bien intocable, la realidad vuelve a golpearnos con crudeza. En la zona de influencia del río Uruguay, en un área administrada por la Corporación para el Desarrollo de Salto Grande (CODESAL), se llevó adelante un ecocidio disfrazado de “desarrollo turístico”: la construcción de un camping del Sindicato de Trabajadores de la Industria Alimenticia (STIA) que arrasó con un sector de la selva en galería, uno de los ecosistemas más ricos y frágiles del litoral argentino.
El escenario actual es desolador. Donde antes reinaban Guayabos Colorados, Ubajay, Palos Cruz, Sarandíes, Chalchales y una impresionante diversidad de especies autóctonas, hoy se observan amplias picadas abiertas, montículos de troncos apilados y rastros evidentes de maquinaria pesada y motosierras. Algunos árboles talados superaban los 80 años de vida y los 50 centímetros de diámetro. Muchos de ellos fueron arrancados de raíz, eliminando no solo el árbol, sino también el hábitat que sostenían para aves, insectos, hongos, líquenes, microorganismos y hasta especies amenazadas.
¿El objetivo? Instalar un camping en plena selva nativa. Un espacio recreativo más, con mesas, parrillas y sombra artificial, a costa de arrasar la naturaleza real. Y lo más indignante: todo esto ocurre bajo el amparo de la cartelería oficial que exhibe orgullosa el logo de CODESAL, entidad que paradójicamente dice promover el desarrollo “sustentable” del polo turístico de Salto Grande.




La pregunta es inevitable: ¿qué clase de política pública, qué tipo de gestión ambiental, permite semejante destrucción en nombre del turismo? ¿En qué mundo se considera “sustentable” talar un monte nativo —clave para mitigar el calentamiento global— para reemplazarlo por un espacio “verde” artificial? ¿Qué sentido tiene eliminar lo auténtico para ofrecer una versión empobrecida de la naturaleza que ya existía y funcionaba sola, gratis y perfectamente?
Lo que ocurrió en el camping del STIA no es una anécdota. Es una muestra más de la lógica perversa que impera en la política ambiental de nuestro país, donde el discurso de la “sustentabilidad” sirve de máscara para negocios que atentan contra la vida. Porque no se trata solo de árboles. Se trata de ecosistemas enteros, de captadores de carbono, de filtros naturales del aire y del agua, de hábitats indispensables para la biodiversidad, y de espacios que, más que nunca, las personas necesitan para reencontrarse con lo real.
Mientras en todo el mundo se multiplican las alertas por la crisis climática, mientras miles de ciudadanos urbanos claman por espacios verdes auténticos donde respirar aire puro y reconectarse con lo esencial, aquí seguimos destruyendo lo que queda de monte nativo para construir parrilleros.
Basta de disfrazar como sustentables los proyectos estúpidos. Basta de políticas ambientales que destruyen lo indispensable para la vida. Si queremos futuro, necesitamos proteger lo que aún nos queda. Y no hay excusa ni cartel institucional que pueda justificar la pérdida de un solo árbol autóctono más. Mucho menos de cientos.
La verdadera riqueza de Salto Grande está en su naturaleza resiliente. Defenderla ya no es una opción: es un deber urgente.
FM del Este 100.5 con información de Ceydas
Ir a:





