“Damos el celular a un hijo a temprana edad y por los motivos equivocados”, dice Bortnik

Un especialista en seguridad informática estuvo en Santa Fe para presentar su libro sobre la crianza en un mundo digital. Habló de los riesgos a los que están expuestos los niños y adolescencias, de la importancia del diálogo y los acuerdos entre padres e hijos.

“Creo que el celular no es una herramienta para chicos de menos de 12 ó 13 años”, responde sin vueltas Sebastián Bortnik a una de las preguntas qué más se hacen los padres con relación a la tecnología y su hijos. El especialista en tecnología y seguridad informática estuvo en Santa Fe para hablar sobre su libro “Guía para la crianza en un mundo digital”, que se publicó en 2020 y ya va por la segunda edición.

Bortnik se dedica desde hace más de una década a la educación e investigación y, a través de sus charlas e iniciativas, se convirtió en un referente acerca del buen uso de las tecnologías en el país. En diálogo con El Litoral, se explayó sobre un gran desafío que tienen los padres hoy: cómo acompañar a los chicos para que puedan hacer un sano y seguro uso de las tecnologías digitales.

-¿A qué edad es conveniente darle el celular a un chico?

-Cuanto más adelante en la adolescencia podamos patearlo, mejor. Creo que el celular no es una herramienta para chicos de menos de 12 ó 13 años. Pero mucho más importante que la edad es el cómo se lo damos: lo compramos y se lo entremos así como así, es un regalo de Navidad o es una instancia pensada, de diálogo, donde lo fuimos preparando para eso, explicándole la responsabilidad que implica asumir un compromiso, donde hicimos acuerdos para el acompañamiento. Darle un celular a un chico a los 9 ó 10 años es como pedirle a un nene de 2 años que corte la carne solo con un cuchillo. Si luego se lastima no le echemos la culpa al chico sino hay que hacernos cargo nosotros que le dimos una herramienta muy potente a una edad en la que no estaba preparado para usarla.

-A los padres muchas veces les resulta difícil negarse porque sus hijos se quedan fuera de grupos o actividades.

-Creo que damos el celular a los hijos por los motivos equivocados. Constantemente lo que escucho es que se los entregan, en primer lugar, por seguridad. Esto debería significar que los chicos están más seguros con un celular que sin el aparato; y no es así, de hecho están más inseguros con el celular. Las familias en realidad lo que quieren es llamar a su hijo y que los atienda. Eso no es seguridad, es tranquilidad; está mal traducida esa idea. Y aún así les replico: ¿Te pasó que lo llamaste y no te atendió? ¿Te preocupaste y no había pasado nada, solo que no atendió porque es un niño o un adolescente?. Y la respuesta es que a todos les pasó; entonces tampoco resuelve la tranquilidad. Así que es una mala excusa entregar el celular “por seguridad”.

La segunda mala excusa es “porque lo tienen todos”. Ahí hay un engaño que no estamos pudiendo resolver los adultos porque, si todos son los “últimos”, nunca hubo “primeros” en tener tener el celular. Hace unos meses estuve en Bahía Blanca y la mamá de una nena de 11 años dijo que en el grupo de mejores amigas de su hija, cuatro de ellas tenían celular y la suya no, así que sus amigas se ponían de acuerdo en cuándo encontrarse y ella no se enteraba. Entonces decidió con su marido, darle a la chica un celular y llamó a las otras madres para que le den consejos sobre reglas, etc, aprovechando que ella era la última. Se encontró con que todas dijeron que no querían darle el apartado a sus hijas pero se lo dieron porque lo tenían todas menos la suya. Es decir, no se habían comunicado antes entre las familias. Ahí aparecen las deficiencias como adultos que no están pudiendo alcanzar acuerdos.

crianza“El tema de la adicción a las tecnologías viene creciendo y, a la vez, la pandemia la expuso más”, dice Bortnik. Crédito: Luis Cetraro


Los riesgos

-¿Cuáles son los riesgos del uso de las tecnologías en niños y adolescentes?

-Los riesgos van variando de acuerdo a las edades pero podríamos decir que hay un abanico de peligros. Un grupo está conformado por los más conocidos que son los de la preadolescencia y adolescencia: el ciberbullying, que es la violencia en las redes; el grooming, que es el abuso de adultos a menores a través de las redes; el sexting y la divulgación de imágenes no consentidas.

Después hay un segundo grupo que tiene que ver con el “bienestar digital” o la falta de ella, o sea, cuando las tecnologías generan consumismo, adicción, ansiedad, de a ratos hasta depresión. Esto también es de la preadolescencia y adolescencia, y son problemáticas más modernas.

Una tercera categoría de peligros involucra a edades más tempranas y podemos clasificarla en dos: la primera es hasta los 5, 6 años, donde es más nociva la tecnología y puede ocasionar trastornos del sueño, del lenguaje y hasta cognitivos. En la segunda infancia, entre los 9 y 10 años, aparecen los riesgos del acceso a contenidos inapropiados, que los chicos terminen consumiendo cosas para las que no están preparados.

-Los padres están muy preocupados por todo esto: por la posibilidad de los delitos que ya son palabra mayor, pero también por las adicciones que generan los videojuegos en línea, por ejemplo, en muchos chicos. A veces no comen, se van a dormir muy tarde, hacen berrinches cuando se intenta limitar el uso del celular ¿Qué pueden hacer los padres ante estas situaciones?

-El tema de la adicción a las tecnologías viene creciendo y, a la vez, la pandemia la expuso más; es algo que tiene muy preocupadas a las familias. Algo que pasa mucho con las adicciones es que se suelen manifestar en la adolescencia pero se gestan mucho antes, cuando los chicos tienen 5, 6, 8 años y ya empiezan a manifestar berrinches cuando se les intenta sacar la tecnología. Surge en las charlas que doy esta escena de un nene o una nena tironeando la tablet con un papá o una mamá que se la quiere sacar. Todo eso nos marca que no hay una buena gestión del tiempo con la tecnología y que ahí faltan límites y acuerdos para resolver el tema. O sea, si un chico de esa edad ya manifiesta que no puede dejar la tecnología y que la única forma es sacársela “a los ponchazos”, hay que actuar en ese momento y no esperar a que se manifieste de forma más crítica en la adolescencia con cuestiones como irse a dormir sin comer, que no quieran hacer otras cosas o no puedan interactuar con el resto de las personas. Ahí ya entran en juego los trastornos de la salud mental que son complejos.

Cuando escribí el capítulo de las adicciones del libro hablé con médicos y psicólogos y les pregunté. Me contestaron que tenemos asociada la adicción a una sustancia y no a una pantalla pero, por ejemplo, en la adicción al juego tampoco hace falta que haya una sustancia, lo que sí hace falta son ciertos componentes o elementos que la tecnología los reúne.

Grooming y diálogo

-¿Cómo pueden advertir los padres si su hijo está expuesto a un caso de grooming? Porque en lo que es prevención quizá muchos padres no saben usar bien la tecnología para ejercer un control o acompañamiento y sus hijos pueden quedar expuestos a este tipo de delitos.

-Sin lugar a dudas. Hay un componente que menciono siempre y es la importancia de empoderar a los chicos y fortalecer la relación adulto-hijo. Si tu chico de 16 y 17 años ya tiene un auto y lo choca ¿Vos preferís enterarte porque viste el auto chocado o porque tu hijo te vino a contar?. La respuesta que me dan siempre es “prefiero que mi hijo sea responsable y me cuente él”. Algo similar pasa con el grooming: cuando las familias me preguntan sobre esto, están siempre orientadas a “descubrir” y hay muy pocas preguntas destinadas a dar el espacio para que los chicos manifiesten un problema. La mayoría de las veces que me encontré con casos de éxitos de una menor de edad que chatea con un adulto en las redes y manifiesta un peligro de grooming antes de que se concrete un intercambio de contenido íntimo, tuvo que ver con familias que tienen una actitud abierta a hablar, preguntar, dar el espacio a su hijo, más que de investigar.

Después, podemos decir que hay indicios. Por ejemplo, cuando se empieza a advertir una sexualización del lenguaje; que se hayan vuelto de un día para el otro muy recelosos de mostrar su celular; que se encierren mucho tiempo con su celular y no quieren abrir la puerta. Lo que pasa es que no son taxativos y pueden ser indicios de otra cosa. De todas formas, son cuestiones a observar, a abrir el diálogo y tratar de descubrirlo de esa manera. Un ejemplo muy triste es el de Micaela Ortega, que es uno de los casos de grooming más emblemáticos en Argentina. Fue asesinada por un adulto con el que chateaba en las redes pensando que era un adolescente y pactaron un encuentro. La mamá tenía la contraseña de una cuenta de Facebook pero la chica de 12 años tenía otra cuenta paralela que no compartía con la madre. Esto es un poco el refuerzo de la importancia de generar más un espacio de amplitud y pregunta que de investigación.

crianzaSe brindó una charla abierta y gratuita en la sede del Instituto 12. Crédito: Luis Cetraro


Guía para la crianza

-¿Qué encuentran los padres en su Guía para la crianza en un mundo digital?

-En el libro, los padres lo primero que encuentran es orden. Porque es caótica la problemática y no es lo mismo tener un hijo de 2 años que de 14, con lo cual es un libro que aborda la temática paso a paso para que no sea algo que a veces nos abruma. Después, planteo también un desafío acerca de cómo usamos los adultos la tecnología. Y en tercer lugar, herramientas prácticas sobre cómo acompañar a nuestros hijos: qué diálogos tener, qué preguntas hacer, qué cuidados tener, en qué momentos intervenir. Entonces es un tándem de orden, autocrítica y herramientas.

-¿Cuáles son algunas de estas herramientas prácticas?

-La primera es empezar temprano, no abordar recién la vinculación de los hijos y la tecnología en la adolescencia; ahí ya llegamos tarde. El segundo que es una llegada progresiva de la tecnología, es decir, limitada mucho los primeros años, menos limitada después. Y el tercero, es dar el ejemplo. Cuento situaciones donde empezamos a ver cómo las actitudes de los adultos impactan en ellos. El otro día en un colegio un papá me decía angustiado que cuando lleva a sus hijas a la mañana a la escuela, va manejando y ellas no le hablan porque están con el celular. A lo que yo le pregunté: “Cuando vos vas de copiloto ¿hablás con el conductor o vas con el celular?”. Me contesta, “voy con el celular”. Entonces, ¿de quién aprendieron las hijas?. El mayor aprendizaje de cómo se usa la tecnología es cómo la usamos los adultos, sólo que como ellos hacen un uso tan intensivo, nosotros creemos que no tuvimos nada que ver con eso. Pero lo cierto es que les damos más malos ejemplos de lo que creemos.

Organizadores

Sebastián Bortnik dictó la charla sobre su libro el lunes pasado, en la sede del Instituto 12, invitado por el Foro Santafesino. Julián Martínez, presidente del foro, dijo que “la presentación de un libro siempre es una buena noticia”, y además “si es sobre una temática sobre la cual hay pocas investigaciones y que es de interés general, es doblemente relevante”. Según dijo que “Sebastián pueda venir, dar una charla gratuita, que el acceso a esa escucha sea horizontal y de mucha cercanía, es lo que queremos desde el foro”.

Ciberbullying, un problema viejo pero amplificado

-Otra cuestión que la tecnología amplificó es el bullying ¿Le llegan consultas sobre esta problemática?

-Hay adultos que dicen que el bullying existió siempre y subestiman el poder del ciberbullying en donde el alcance es mucho más grande y la duración más larga. Es cierto que el bullying existió siempre pero el daño que genera el ciberbullying y el nivel de escalabilidad que tiene es incomparable con el bullying del mundo analógico. Ahí vuelvo con el ejemplo que tenemos que dar como adultos: las redes sociales son muy violentas, entre los adultos hay bullying, en los grupos de whatsapp solemos ser muy agresivos. Los chicos cuando tienen su primera experiencia con el celular, entran a un grupo familiar, ¿cómo nos ven dialogar?, ¿qué tipo de comentarios ven que subimos a las redes?. Hay que bajar primero la violencia general y hacer una autocrítica. El gran problema de las redes es que siempre hay alguien más violento que nosotros y entonces creemos que nosotros no lo somos.

Fuente: El Litoral

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