¿Peligra nuestra soberanía?

Columna de opinión

POR JORGE P. MONES RUIZ­

El indigenismo constituye un tema de características muy particulares, que debe ser considerado un conflicto. Se trata de una nueva expresión ideológica, política, cultural, y en algunos casos militar; es una corriente inserta en nuestro continente y afecta en mayor o menor medida a todas las naciones.

El tema es complejo y presenta varias aristas. Algunas de ellas constituyen realidades que habrá que atender para solucionar problemas graves e inobjetables, relacionados con ciertos reclamos legítimos de las comunidades aborígenes. Este caso adquiere especial atención cuando percibimos que detrás de justas aspiraciones se esconden intereses de otro tipo y que pueden afectar seriamente la Soberanía Nacional.­

La denominada Reivindicación Indigenista va acompañada por una campaña psicosocial internacional de considerable magnitud y gran impacto en la opinión pública (The Mapuche Nation), que puede poner en peligro la integridad territorial.­

Los países desarrollados son usinas y, a la vez, eco de pretensiones cuasi segregacionistas en diferentes territorios nacionales sudamericanos. En Francia, años atrás y con el apoyo de intelectuales belgas, se generó la idea de la «internacionalización del Amazonas para proteger a los aborígenes y a los recursos naturales» de esa región.­

Al respecto, el general brasileño Luis Eduardo Rocha Paiva, expresó la convicción de que «Brasil debería estar muy atento a la posibilidad de que se produjeran en la Amazonía conflictos con actores extranjeros debido, entre otros, a la riqueza de sus recursos». Asimismo, Rocha Paiva alertaba sobre la posibilidad de injerencia de potencias extra regionales en este espacio.­

En este sentido, nuestro país comparte con Chile un problema común: La Nación Mapuche (Wall Mapu). Esta nación originaria, que en realidad no lo es, incluye bajo una misma región una porción de territorio chileno y argentino, que abarca la región del Bío Bío y la Araucania en Chile y su proyección al territorio de la Argentina, hasta el Río de la Plata y el Océano Atlántico.

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Destaquemos que, dentro de esta comunidad, la nación mapuche, existen posturas encontradas, ya que la mayoría de sus miembros, aun sintiéndose discriminados en varios aspectos, manifiesta su pertenencia y lealtad a la República Argentina, compartiendo el espíritu nacional, el respeto a la Constitución y su identidad como argentinos.­

A partir de ello, las tradiciones, la cultura y las costumbres de estas comunidades, merecen el mismo respeto y consideración que las que profesan otras colectividades integradas como connacionales en nuestra sociedad. En todo caso, la discriminación aludida no es un tema sólo de los aborígenes, si consideramos la situación socioeconómica, (v.g. jubilados) o el acceso a la educación, la salud y al trabajo de otros ciudadanos pertenecientes a diversos sectores sociales de nuestro país.­

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PSEUDOMAPUCHES­

­En la Argentina, grupos pseudomapuches, como la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), por el contrario, expresan un sentimiento netamente segregacionista, y reclaman (usurpan) tierras públicas y privadas, aun ejerciendo la violencia, lo que puede ser considerado como un primer paso hacia una partición territorial, independencia y propia soberanía. El grado de violencia en nuestro país no tiene, por ahora, la intensidad que se manifiesta en Chile. Sin embargo, la campaña psicosocial es fuerte. La Universidad del Comahue, con sede en Neuquén y Bariloche, promociona actos oficializando la «soberanía política y cultural mapuche» y el reconocimiento de «su propia bandera nacional». Las actividades de estos grupos marginales cuentan con el beneplácito, cuando no de apoyos (logísticos y financieros) de organismos estatales, como el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Complicidad manifiesta oficial que contrasta con el desamparo que sufren las fuerzas del orden cuando intentan resguardar las vidas y bienes de nuestros conciudadanos.­

En Chile, la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauco-Malleco (más conocida como Coordinadora Arauco-Malleco o CAM) vinculada a la RAM argentina, es una organización política mapuche de naturaleza indigenista, cuyo brazo armado son los denominados Órganos de Resistencia Territorial (ORT), que efectúan diversas acciones de sabotaje y otros crímenes. Podemos incluir también a la Resistencia Mapuche Malleco, la Alianza Territorial Mapuche y la Weichan Auka Mapu (Lucha Territorial Rebelde). Es por ello que importantes sectores de la sociedad trasandina le han otorgado la calificación de grupos terroristas, vinculados estrechamente a las FARC de Colombia, a narcotraficantes, a la ETA española y a las guerrillas kurdas.­

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UNA AMENAZA LATENTE­

­El indigenismo constituye una amenaza latente, que afecta sustancialmente al patrimonio geográfico, a la cohesión territorial y los intereses nacionales.

Se hace necesario determinar la evolución y proyección del problema en la región, y en particular en nuestro país, a partir del auspicio de agentes exógenos que instrumentan una nueva teoría del espacio vital para el control de los ecosistemas. Intereses extranacionales potencian su actitud a partir de un mundo en el cual la degradación ambiental, la discutible explosión demográfica y la escasez de recursos naturales constituyen, entre otros, importantes generadores de conflictos que caracterizan el contexto estratégico global del siglo XXI. Es en las regiones de baja densidad demográfica, pero atractivas por sus riquezas económicas y recursos naturales, donde muchos grupos pretenden instalarse.

El almirante argentino Jorge A. Fraga (miembro de la Academia Nacional de Geografía) refería, a comienzos los años 90, la cuestión mapuche como «una circunstancia de particular relieve en el planteo geopolítico y geoestratégico de la Patagonia».

Señalemos que los territorios reclamados constituyen ecosistemas sobre el sector cordillerano en lugares de gran atractivo e interés turístico, como ser Bariloche, El Bolsón, El Maitén, San Martín de los Andes, Lago Escondido y Lago Mascardi. Otros reclamos de tierras se asientan sobre tierras con recursos naturales de alto valor estratégico y económico, como es Loma La Lata, Vaca Muerta, etc. En ambos casos, algunos de ellos ya están siendo ocupados por sectores violentos de estas organizaciones de pueblos originarios.

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RESPALDO GLOBAL

­Las diferentes normativas, entre ellas el Convenio 169 de la OIT de septiembre de 2007 contemplado con rango constitucional constituyen el andamiaje jurídico básico y necesario para avanzar en reclamos que ponen en peligro la integridad de los estados y atentan contra cualquier «proyecto sugestivo de vida en común», condición esencial para el desarrollo de las sociedades civilizadas al amparo, cada una, de su propia identidad nacional.Este convenio, reemplaza al 107 y, sutilmente, cambia el término de poblaciones por el de pueblo, creando condiciones suficientes para una eventual, y no poco probable, segregación territorial.

Años atrás, el dirigente mapuche de origen chileno Reynaldo Mariqueo, secretario General de la Organización General de Enlace Mapuche Internacional, con sede en Bristol, Inglaterra, desde 1978, sostuvo: «El conflicto territorial que organizaciones de derechos humanos han mencionado en sus informes ha sido permanente desde la anexión por la fuerza de sus armas del territorio Mapuche por las repúblicas de Chile y Argentina entre 1860 y 1885, fecha que la resistencia armada mapuche fue sofocada por el poder militar superior de los países vecinos. Durante estos 120 años de ocupación de nuestro territorio, las repúblicas de Chile y Argentina /sistemáticamente han continuado con su política genocida y de asimilación cultural. El despojo de nuestras tierras y recursos continúan, condenándonos a la miseria más espantosa de nuestra historia. El sistema democrático de gobierno y los avances económicos de Chile no pareciera haber cambiado la situación económica y social de las comunidades mapuches. Finalmente debo informar que Chile no reconoce el derecho del pueblo mapuche a su libre determinación, no reconoce la existencia del pueblo Mapuche en su constitución, ni ratifica el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas».­

La característica esencial de estos movimientos indigenistas y otros sociales alternativos es la movilización permanente para generar un estado de desorden e indisciplina social que permita medir y evaluar la capacidad de respuesta de autoridades y organismos legales. De esa forma se podrá decidir la conveniencia de continuar o incrementar la escalada en la confrontación. En estos últimos meses hemos comprobado este nuevo tipo de lucha en varios países de la región. En este juego de tire y afloje aprovechan todas las libertades que el sistema democrático otorga para llevar sus reclamos hasta los extremos que le permitan la falta de claridad legislativa y las vías legales y normativas. Si por razones tácticas trasponen esos límites con actos de fuerza o violencia desmedidas, apelan a justificarlos públicamente como medidas de reivindicación social frente a la «brutal e ilegal represión del Estado y responsable, de inmediato, de crímenes de lesa humanidad».­

Finalmente, las características del conflicto moderno y su dinámica multifuncional permiten concluir que los recursos naturales de los países que los poseen, más aquellos ecosistemas que por su alto valor constituyen reservas estratégicas, serán las causas que potenciarán el enfrentamiento de intereses extranjeros, estatales o no, con intereses nacionales. Asimismo, se incentivarán las contradicciones internas de las naciones, en particular aquellas de carácter cultural. En este contexto, el indigenismo es un vehículo que, a partir de soportes ideológicos, políticos, financieros y mediáticos proporcionados por países desarrollados, ONG (s) y corporaciones transnacionales, atenta contra la identidad nacional primero, y contra la integridad territorial después.­

Fuente: La Prensa


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