La grieta es el sistema

La política se ocupa del problema de los políticos y estos se agreden con dureza para ocultar la perversa asociación que los une

Por Julio Bárbaro – Politólogo y Escritor. Fue diputado nacional, secretario de Cultura e interventor del Comfer.

“Le duele como propia la cicatriz ajena”. Despedida de Homero Manzi a Discépolo

En la política actual falta eso, esa virtud del alma que Homero señalaba en su despedida al amigo. La política es arte cuando se hace cargo del dolor y las necesidades colectivas, cuando elige trascender. Y es delito cuando usa los votos de muchos para favorecer las prebendas de pocos, cuando instala su codicia como prioridad.

Y más allá de las excusas rebuscadas en la vigencia de las instituciones y otras yerbas, más allá de la supuesta ayuda a los pobres y derechos humanos desnaturalizados, después de las excusas la realidad desnuda el paulatino e inexorable empobrecimiento de un pueblo. Alguno es peor que el otro, ninguno alcanza para afirmar ser mejor. Sería una mentira, al menos una exageración.

Hay dos tribunas enfrentadas, allí abundan intelectuales, periodistas, mayoría de empleados, tribuneros rentados, cada hinchada tiene sus banderas en alto. Los ricos desde siempre acusan de corrupción a los pobres. Muchos de ellos heredaron los robos del abuelo, allá en el pasado y lo tienen todo escriturado sin volverse por eso más decentes. Los nuevos ricos se apoyan en los pobres para volverse más acaudalados a la espera que sus nietos ya no tengan nada que explicar. Varios ascendieron de clase con la política y otros vienen de antes. Pobres abstenerse, el sistema los suele expulsar salvo que tengan talento, en ese caso siempre intentan pervertirlos y hasta ahora no fallaron.

De las causas de la miseria no se habla, los retornos y las privatizaciones cambian de mano sin perder vigencia. Lo hablé con ellos, más de una vez pero hacen silencio, saben cuánto retorna de cada “caja”, ni las menciono, a casi nadie le interesa. Fortunas que pasan de un gobernante al otro, en silencio y a veces, muchas, son compartidas, o participadas.

El poder de turno maneja todo, agrede en las formas pero nunca jamás cuestiona el sistema, la esencia del negocio, del negociado, la raíz de la pobreza. Está todo organizado para seguir fugando capitales mal habidos, hay una teoría central “el Estado es mal administrador” y la consecuencia lúcida se vuelve un “dámelo a mí que lo administro” y el resultado es “crece sólo la pobreza y la deuda”. De eso no se habla, la moneda en el aire no cae para desnudar la realidad, la dejan en el aire para no molestar a sus clientes. Es la moda Pilatos, todos se lavan las manos, nadie tiene la culpa. Los partidos, esencia de la política y los candidatos con posibilidad de aparecer y existir, todos, pertenecen a algún poder económico, no existe otro poder que el dinero. Eso vale tanto para el oficialismo como para la oposición porque los negocios mandan, el resto ocupa el espacio de la marginalidad. El talento y la honestidad están mal vistos, ya lo decía el gran Discépolo en aquel antecesor de Cambalache que fue su tango Qué vachaché: “Pero no ves, gilito embanderado/ Que la razón la tiene el de más guita/ Que la honradez la venden al contado/ Y a la Moral la dan por moneditas”.

La política se ocupa del problema de los políticos y estos se agreden con dureza para ocultar la perversa asociación que los une, la ventajosa tribu de la que forman parte. Los temas de fondo no se tocan, de eso no se habla, boyamos sin rumbo y se discute tan solo sobre el color con el que vamos a pintar la boya. Se debate sobre quién administra la decadencia y no importa el nivel de la pobreza porque administrarla siempre es rentable. Es la dirigencia parasitando la miseria colectiva sin siquiera cuestionarse ese oscuro lugar de ave carroñera. Desesperados por continuar en la rentable explotación de la pobreza.

Parece estar prohibido reflexionar, los economistas ocupan el lugar de los políticos y el inversor extranjero, siempre, extranjero. Quienes ganan aquí se la llevan a la espera de un sustituto. Muchas veces ellos mismos retornan bajo el disfraz de inversor. La realidad es para terapia intensiva.

El debate electoral no logra superar la problemática de la farándula. Los términos que denominan ideas, peronismo, radicalismo, liberalismo, izquierdismo, resultan devaluados en simples envases de intereses privados. Toda reflexión será expulsada al exilio del silencio. Los medios sirven solo para aplaudir o atacar gobierno u oposición, el resto es ignorado. Fuimos un país para todos, lo destruyeron y armaron una sociedad para pocos. Querían ser tan ricos como lo eran sus envidiados poderosos del imperio. Impotentes por generar riqueza se apropiaron de la del Estado, denominaron privatizar a saquear y entonces hubo miles de nuevos ricos, millones de nuevos pobres.

La política antes discutía sobre el poder, ahora es tan solo una dependencia del poder de turno. Dominados por una oligarquía improductiva vemos crecer la deuda y la pobreza, en paralelo y la política no se ocupa de esos temas, no suelen hasta ahora enfrentar al flagrante delito. Crece la sensibilidad sobre la percepción del dolor animal, rara coincidencia con la indiferencia ante el dolor humano. Antes se debatía la justicia social, hoy sobreactúan la igualdad de género, un intento de sustitución de la igualdad económica, no sabremos nunca si es porque creen que ya es un logro o por el contrario, porque la conciben como un imposible.

La mayoría de las sociedades mejoran, integran socialmente e incrementan su generación de riquezas. La nuestra se hunde debatiendo quién fue el gobernante más dañino. No hay patria capitalista sin burguesía nacional. Hoy tenemos una oligarquía de intermediarios, esos no tienen patria ni bandera. No queda otro lugar para el optimismo que la negación de la realidad. Insistamos con la denuncia que en algún momento surgirá una generación que haga justicia. Por ahora no hay nadie a la vista con esa vocación, sin embargo nuestro legado debe reivindicar aquel pasado de grandeza. Ya vendrán quienes se ocupen de volverlo realidad, quienes expulsen a los mercaderes del templo. La patria es nuestro templo, es hora de liberarlo y devolvernos el futuro.

Fuente: Infobae

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