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Inflación de junio 1,9%: la caída del consumo aparece como una de las claves detrás de la desaceleración

Inflación de junio 1,9%: la caída del consumo aparece como una de las claves detrás de la desaceleración

calle sin compradores en Chajarí

El IPC de junio fue del 1,9%, pero la caída de las ventas, el cierre de empresas y la pérdida de puestos de trabajo abren un debate sobre las verdaderas causas de la desaceleración.

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El Gobierno nacional celebró una nueva baja de la inflación. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de junio fue del 1,9%, el registro mensual más bajo de los últimos diez meses, con una variación interanual del 33,5%. El dato representa, sin dudas, una buena noticia para una economía que durante años convivió con aumentos de precios descontrolados.

Leé también: Datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo: en 4 meses cerraron 5649 empresas y hubo 43.680 despidos

Sin embargo, detrás del número aparece una pregunta que cada vez resuena con más fuerza entre economistas, comerciantes y empresarios: ¿la inflación baja porque la economía se estabiliza o porque el consumo se encuentra profundamente deprimido?

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Los indicadores de actividad permiten sostener que la desaceleración de los precios no puede analizarse aislada de la realidad que atraviesa el mercado interno.

Mientras el IPC perforó el piso del 2%, miles de comercios continúan vendiendo menos que un año atrás, numerosas pequeñas y medianas empresas reducen producción, la industria opera con capacidad ociosa y el empleo privado sigue mostrando señales de deterioro.

Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) son elocuentes: entre enero y abril cerraron 5.649 empresas en Argentina y se perdieron 43.680 puestos de trabajo registrados. Detrás de esas cifras no hay solamente balances contables. Hay fábricas que dejaron de producir, locales comerciales que bajaron sus persianas y familias que redujeron su capacidad de consumo.

Ese escenario tiene una consecuencia directa sobre los precios.

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Cuando el consumidor deja de comprar, las empresas pierden margen para aplicar aumentos. Los comercios necesitan vender para sostener su estructura, liquidar stock y afrontar costos fijos. En ese contexto, trasladar incrementos se vuelve mucho más difícil.

La lógica económica es sencilla: si la demanda se retrae, los precios encuentran un límite natural. No porque producir sea más barato, sino porque el mercado ya no convalida nuevos aumentos.

En distintos rubros esta situación puede observarse con claridad. Electrodomésticos, indumentaria, materiales para la construcción, muebles y numerosos bienes durables registran promociones permanentes, financiación extendida y descuentos que hace apenas dos años resultaban impensados. No responden a un cambio de estrategia comercial: responden a la necesidad de vender en un mercado donde el consumidor prioriza gastos esenciales.

Esto no significa que la baja de la inflación sea ficticia ni que el ordenamiento macroeconómico no tenga incidencia.

El fuerte ajuste fiscal, la reducción de la emisión monetaria para financiar al Tesoro, una mayor estabilidad cambiaria y expectativas inflacionarias más contenidas constituyen factores que, indudablemente, contribuyen a moderar la dinámica de los precios.

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Pero sería igualmente incompleto ignorar el peso que tiene la caída de la actividad económica.

Una economía puede mostrar inflación en descenso mientras atraviesa un proceso de recesión. De hecho, la historia económica argentina ofrece numerosos ejemplos donde la estabilidad de precios convivió con cierres de empresas, caída del empleo y deterioro del consumo.

Por eso, el verdadero desafío no consiste solamente en reducir el índice inflacionario, sino en lograr que esa desaceleración ocurra en una economía que genere empleo, inversión y crecimiento del poder adquisitivo.

La inflación baja es una condición necesaria para recuperar la economía, pero por sí sola no garantiza una mejora en la vida cotidiana de la población.

El interrogante que comienza a instalarse es otro: ¿podrá sostenerse esta desaceleración mientras el mercado interno permanezca paralizado, o la recuperación del consumo volverá a poner presión sobre los precios?

La respuesta marcará si Argentina está frente al inicio de una estabilidad económica genuina o simplemente atravesando una desinflación impulsada por la falta de demanda.

Porque, al final del día, el éxito de un programa económico no se mide únicamente por el índice de inflación. También se refleja en la cantidad de empresas que permanecen abiertas, en los puestos de trabajo que se crean y en la capacidad de las familias para volver a consumir sin que eso implique el regreso de una inflación descontrolada.

FM del Este 100.5

 

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