Brote de hepatitis grave en niños: ¿otro efecto colateral de la pandemia?

Estudian el singular aumento de casos en una docena de países. Los investigadores plantean como hipótesis que el origen sea una inmunosupresión derivada de los prolongados encierros o una consecuencia directa de los nuevos antígenos contra el covid.

POR AGUSTINA SUCRI

En un nuevo capítulo de “los misterios en tiempos de pandemia”, se han identificado al menos 169 casos de hepatitis grave en niños en un brote que afecta a 12 países, según anunció hace una semana la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre los casos, un niño murió y 17 necesitaron trasplantes de hígado. Los afectados tienen entre 1 mes y 16 años.

Las primeras hipótesis apuntan a un adenovirus como posible responsable, mientras otros especialistas señalan a los confinamientos. Se han apurado a descartar que estos casos de hepatitis aguda puedan estar vinculados con los nuevos productos contra el covid-19, aunque ya existen publicaciones en la literatura científica que dan cuenta de casos de hepatitis en adultos asociados con este tipo de inoculación.

Si bien las hepatitis pediátricas leves no son tan extrañas, la hepatitis grave en niños sanos es muy poco frecuente. Es por eso que las autoridades sanitarias están investigando este singular aumento de casos graves de hepatitis aguda o inflamación del hígado.

De las 169 infecciones, 114 se produjeron en el Reino Unido, seguidas de 13 en España, 12 en Israel y nueve en Estados Unidos. El brote se extendió también a Bélgica, Dinamarca, Francia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Noruega y Rumania.

Según se informó, muchos de los niños que enfermaron presentaron síntomas gastrointestinales, como dolor de panza, diarrea y vómitos, antes de mostrar signos de hepatitis aguda grave, aumento de las enzimas hepáticas e ictericia. La mayoría de los casos no tenían fiebre, de acuerdo con la OMS.

Los virus comunes que causan la hepatitis viral aguda – virus de la hepatitis A, B, C, D y E – no se detectaron en ninguno de los casos. En cambio, un virus del resfrío común, conocido como adenovirus F 41, se detectó en al menos 74 casos, dijo la OMS. «Aunque el adenovirus es una posible hipótesis, se está investigando el agente causante», aseguró esa entidad sanitaria.

La agrupación “Health Advisory and Recovery Team” (HART), que nuclea a médicos, científicos, psicólogos, economistas y otros expertos de Reino Unido, señaló en una reciente publicación que la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA) informó que en ese país ninguno de los niños afectados estaba vacunado contra el covid y por eso se ha postulado una causa infecciosa.

«Los adenovirus son virus comunes que suelen causar una serie de síntomas relativamente leves en niños sanos, como vómitos, diarrea, conjuntivitis y síntomas de resfriado.  Los adenovirus se han relacionado anteriormente con la hepatitis, pero casi todos los casos se han producido en personas gravemente inmunodeprimidas”, resaltan desde HART, para luego preguntar: “¿Los niños que desarrollan hepatitis están ahora inmunocomprometidos de alguna manera, y si es así, por qué mecanismo?”.

En esa línea, los expertos de la agrupación británica indican que ya en junio de 2020 se advirtió durante los confinamientos que la restricción de la interacción entre los niños, y la consiguiente reducción de la exposición a la gama normal de virus, podría tener efectos nocivos, creando una «deuda inmunitaria» que tendría que ser «reembolsada» con el tiempo. De hecho, ya en marzo del año pasado HART había manifestado su preocupación al respecto de la siguiente manera: “A los científicos de HART nos preocupa que esto pueda dar lugar a una disminución de la inmunidad a la gripe y a otros patógenos respiratorios, tras un año en el que la población ha estado muy poco expuesta. Ya hay pruebas de ello en Australia, donde se ha observado un fuerte aumento de las infecciones por el virus sincitial respiratorio (VSR) en niños pequeños en una época del año poco habitual. El sistema inmunitario de un niño no está completamente desarrollado hasta los 6-7 años de edad, y la exposición a patógenos durante esos primeros años ayuda a formar la capacidad de un individuo para hacer frente a los patógenos comunes que circulan en la población”.

«La opinión de HART es que esto demuestra otro daño potencial de los encierros prolongados y las medidas de distanciamiento social que no ha sido evaluado adecuadamente. Cuanto más tiempo permanezca la población sin exponerse a los agentes patógenos comunes, mayor será el riesgo que esto supone”, escribían en aquel entonces.

«También se cree que este fenómeno fue la causa de que el pasado invierno se produjeran en Nueva Zelanda infecciones por el VSR más graves de lo habitual”, agregan.

En relación con los últimos reportes de hepatitis, especialmente en el caso de los niños más pequeños afectados, desde HART destacan que “una parte sustancial del periodo de lactante/niño pequeño (especialmente importante para la maduración del sistema inmunitario) ha transcurrido con una interacción reducida”.

Los autores de un artículo publicado en Eurosurveillance en el que se revisan los casos de hepatitis en Escocia proponen esta causa potencial: «En el momento de la publicación, las principales hipótesis se centran en el adenovirus, ya sea una nueva variante con un síndrome clínico distinto o una variante que circula habitualmente y que está afectando más gravemente a los niños más jóvenes que son inmunológicamente débiles. Esta última hipótesis puede ser el resultado de la interacción social restringida durante la pandemia de covid-19».

Los especialistas de HART ponen de manifiesto que esto se enlaza con un tema más amplio que ha caracterizado las políticas de casi todos los gobiernos en su respuesta a la pandemia: la incapacidad de considerar la casi certeza de las consecuencias no deseadas.

«Las sociedades y las estructuras que garantizan una atención sanitaria adecuada, la educación y la estabilidad política y económica, son increíblemente sofisticadas, al igual que los sistemas corporales humanos que mantienen y regulan nuestra salud, incluido el complejo y potente, pero relativamente poco conocido, sistema inmunitario. Lo único seguro de la alteración masiva de estos sistemas es que habrá efectos imprevisibles de segundo y tercer orden. El error clave al anular toda la planificación previa de la pandemia y precipitarse en los cataclismos sin precedentes que presenciamos, fue no considerar la probabilidad de que se produjeran estos efectos y los daños extremos que inevitablemente se producirían”, finalizan.

En tanto, según informó el Daily Mail, la directora de infecciones clínicas y emergentes de la UKHSA, la doctora Meera Chand, dijo en el Congreso Europeo de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas que los niños más pequeños se estaban infectando por el adenovirus, ya que no habían estado expuestos a él «durante las etapas formativas que han pasado durante la pandemia».

«La cuestión es lo que hemos hecho con los confinamientos. Hemos perturbado masivamente la forma en que interactuamos entre nosotros y, en consecuencia, hemos interrumpido los microorganismos y la forma en que nos contagiamos unos a otros», afirmó por su parte la patóloga Clare Craig en una entrevista con The Epoch Times.

OTRAS POSIBILIDADES

Por su parte, el médico de familia Joseph Mercola señala en un reciente artículo que “los posibles vínculos con las inyecciones de covid-19 parecen no haber sido explorados aún de forma amplia, a pesar de que las inyecciones se han asociado previamente con el desarrollo de la hepatitis”.

Respecto de la hipótesis del adenovirus como la posible causa, Mercola cita las palabras del doctor Wes Stubblefield, funcionario médico de distrito del Departamento de Salud Pública de Alabama -donde se registraron nueve casos de hepatitis grave-: «Esto es inusual. Este virus no se ha asociado, en el pasado, con esta constelación de signos, síntomas y lesiones».

«Otros también han descartado esta teoría, ya que los adenovirus son extremadamente comunes en los niños, lo que significa que es muy posible que puedan dar positivo en las pruebas de adenovirus, sin que sean la causa de la hepatitis”, agrega Mercola.

Como contrapartida, este médico cita un informe de un caso que involucra a un hombre de 47 años, previamente sano, “que demostró una evidencia concluyente de que las inyecciones contra el covid-19 pueden desencadenar la hepatitis”.

En el Journal of Hepatology de octubre de 2021, los investigadores escribieron al respecto: «La hepatitis inmunomediada por la vacuna Moderna no es una coincidencia, sino que está confirmada».

El hombre que aparece en el informe del caso recibió su primera inyección de Moderna covid-19 el 26 de abril de 2021. Tres días después, desarrolló malestar e ictericia, una coloración amarillenta de la piel que puede producirse si el hígado no está procesando los glóbulos rojos de forma eficiente. Es un sello distintivo de la hepatitis y un síntoma que están experimentando algunos de los niños señalados anteriormente.

Este hombre no tenía antecedentes de enfermedad hepática ni de uso de paracetamol, que puede causar daños en el hígado, y su consumo de alcohol era mínimo. Sin embargo, tres días después de la inyección, las pruebas hepáticas mostraron resultados preocupantes, según el Journal of Hepatology.

A finales de junio, la ictericia y las pruebas de función hepática del hombre mejoraron, pero entonces recibió una segunda dosis de la inyección de Moderna el 6 de julio de 2021. A los pocos días, la ictericia volvió a aparecer y las pruebas de función hepática disminuyeron.

Los investigadores explicaron: «El patrón de lesión en la histología fue consistente con la hepatitis aguda, con características de hepatitis autoinmune o posible lesión hepática inducida por medicamentos (DILI), desencadenando una hepatitis de tipo autoinmune».

«Este caso ilustra una hepatitis inmunomediada secundaria a la vacuna Moderna, que al volver a exponerse inadvertidamente provocó un empeoramiento de la lesión hepática con alteración de la función sintética. Esto ocurrió en un hombre sano sin otros problemas médicos. La aparición de la ictericia asociada a la vacuna de ARNm fue inusualmente rápida», añaden en la publicación los autores.

El informe del caso anterior no es un hecho aislado, resalta Mercola. El artículo de la revista Journal of Hepatology señala que se han notificado otros siete casos de presunta hepatitis inmunomediada tras la administración de la vacuna covid-19, tanto de Pfizer como de Moderna.

Los investigadores esperan concientizar a la población para que los centros de vacunación comprueben de forma rutinaria los signos de hepatitis inmunomediada antes de administrar las segundas dosis y afirman: «El seguimiento a largo plazo de los individuos identificados será esencial para determinar el pronóstico de esta lesión hepática inmunomediada».

Mercola hace referencia además a otra carta al editor, publicada en el Journal of Hepatology en junio de 2021, en la que los investigadores volvieron a plantear la preocupación de que las inyecciones de covid-19 pudieran causar hepatitis. En este caso, una mujer de 56 años desarrolló una hepatitis autoinmune grave tras su primera dosis de la inyección de covid-19 de Moderna.

Anteriormente, en abril de 2021, los investigadores también describieron un caso de hepatitis autoinmune que se desarrolló tras una inyección de covid-19, esta vez en una mujer de 35 años tres meses después de haber dado a luz. “En la hepatitis autoinmune, el sistema inmunológico del cuerpo ataca por error al hígado, causando inflamación y daño, y es posible que la inyección desencadenara la autoinmunidad a través de anticuerpos dirigidos por la proteína espiga”, detalla Mercola.

Por su parte, el doctor Elias Alexander cita en un texto de su autoría un artículo de investigadores alemanes publicado también en el Journal of Hepatology en el que concluyen que la vacunación contra el covid-19 puede provocar una hepatitis inmunomediada con predominio de células T, con un patomecanismo único asociado a la inmunidad tisular específica del antígeno inducida por la vacunación, requiriendo inmunosupresión sistémica.

En el artículo se refieren al caso de un hombre de 52 años, que presenta episodios bimodales de hepatitis aguda, cada uno de los cuales se produce 2 a 3 semanas después de la vacunación con ARNm BNT162b2.

Los autores del artículo resumen: “La inflamación del hígado se observa durante la infección por el SARS-CoV-2, pero también puede producirse en algunos individuos tras la vacunación y comparte algunas características típicas con la enfermedad hepática autoinmune”. “En este informe, mostramos que las células T altamente activadas se acumulan y se distribuyen uniformemente en las diferentes áreas del hígado en un paciente con inflamación hepática después de la vacunación contra el SARS-CoV-2″, finalizan.

Fuente: La Prensa

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