“Bosque que se pierde no se recupera”
Se talan fracciones del tamaño de veinte canchas de fútbol a cada hora en la Argentina, denuncia el director ejecutivo de Banco de Bosques, Emiliano Ezcurra.
“Es importante adaptar la economía a la ecología, porque si hacemos al revés nos quedamos sin planeta”
Emiliano Ezcurra
Emiliano Ezcurra ejerce la militancia ambiental desde la niñez. “Siempre tuve una sensibilidad muy fuerte por la naturaleza”, confiesa. Siendo de Adrogué, a los doce años se enteró que había muerto un hipopótamo en el Zoológico porteño por tragar una lata. Entonces se subió a un colectivo de la línea 160, viajó una hora y media hasta Plaza Italia, y se plantó frente a la oficina del director. Había otro hipopótamo en el mismo estanque y Emiliano temía por su futuro. Esperó durante horas hasta que el director lo atendió. Y el pequeño proteccionista le pidió autorización para permanecer en el predio vigilando que los visitantes no arrojaran basura.
Con los años, Ezcurra fue profesionalizando aquel impulso precoz. Se convirtió en miembro del equipo de negociadores de Greenpeace ante Naciones Unidas y dirigió varias de sus campañas. Fue vicepresidente de Parques Nacionales, y hace una docena de años fundó el Banco de Bosques junto a un grupo de amigos. Se considera “un ecologista a tiempo completo”. Pero no uno cualquiera: “Soy un ecologista que ha evolucionado desde una militancia aguerrida y activista, de la cual me siento orgulloso”, a una postura moldeada por las enseñanzas que le dejó el roce con el mundo de los negocios. “De muchas de las personas con las cuales discutí y con las que me enfrenté aprendí muchísimo. Una de las cosas que entendí es que la economía es central para la ecología, y que es importante adaptar la economía a la ecología, porque si lo hacemos al revés nos quedamos sin planeta. No hay duda de que la gente tiene que comer, se tiene que vestir, tiene que viajar, y eso implica usar recursos naturales. A las cavernas no podemos volver. Pero necesitamos tener la inteligencia y la creatividad necesarias para extraer esos recursos sin dañarlo todo”, sostiene.
NUEVA ECONOMIA
Desde el minuto uno, la fundación trabaja con “el foco puesto en encontrarle una vuelta económica al uso de los bosques. En el mundo existe un grave flagelo que es la deforestación, es decir, la eliminación de bosques para darle otros usos al suelo, lo cual agrava el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Lo que nosotros pretendemos es lograr desarrollo económico y buenos negocios, con el bosque en pie. Por eso nos llamamos Banco, porque si bien esta es una fundación, tiene una visión económica muy fuerte. La defensa de una buena causa tiene sus límites y necesitamos crear una nueva economía donde los recursos naturales sean renovables y no agotables”, define Ezcurra.
La señal de alarma se activa con solo entrar a Google Earth: fracciones de bosque nativo del tamaño de veinte canchas de fútbol desaparecen en el país a cada hora que pasa. “Los bosques son grandes fábricas de madera que la Argentina ha desaprovechado. Hemos practicado la minería forestal en lugar de la ingeniería forestal, se ha tratado a los bosques nativos con un criterio de yacimiento y no de rodeo ganadero. Los bosques tienen árboles que, al igual que las vacas, crecen y se reproducen. A un buen ganadero no se le ocurriría carnear a todas sus vacas en un mismo año. De la misma manera funciona un bosque. Es decir, se pueden sacar maderas de los bosques hasta una determinada cuota, extraer algunos terneros, para seguir con la analogía ganadera, pero no destruir todo el bosque”.
-¿Cuál es el valor económico real de un bosque nativo?
-En la Argentina tienen maderas de un altísimo valor, a las que se les puede agregar más valor incluso. Hablo del bosque chaqueño seco y húmedo, la selva misionera, la de yungas, el bosque espinal, el andino patagónico. Sus maderas se han aprovechado mal y hoy sufrimos las consecuencias: una enorme deforestación que no impactó económicamente en el lugar donde se produjo, y que erosionó el capital forestal. El bosque es como una cuenta en el banco, tenés un capital y un interés. Lo que uno debería hacer al final de un ciclo es sacar el interés y no comerse el capital.
-Los actores de la industria maderera, ¿esto no lo saben?
-Esto pasa más por ambición que por desconocimiento. La Argentina produce buenos ingenieros forestales en sus universidades, con lo cual lo que ocurre no es por falta de información. Para muchos ha sido más fácil y rápido comerse el capital teniendo una ganancia de corto plazo. Aunque con más riesgos también. La voracidad por el corto plazo es muy típica de la Argentina y ha llevado a que no se prioricen negocios de más largo plazo y mucho menor riesgo. Entonces, los bosques nativos, que podrían producir una buena cantidad de madera al año, con una tasa de riesgo muy baja, fueron eliminados para poder producir carne o granos de una manera más rápida pero con un impacto ambiental y social muy profundo. E incluso con pérdidas, porque en muchos casos se trataron mal los suelos y miles de hectáreas hoy no sirven para nada o tienen una productividad muy baja a causa del maltrato al que las sometieron.
-En definitiva, la deforestación es un muy mal negocio.
-Cuando hacés los números finos en el Excel de la realidad, y no el de una operación puntual, te das cuenta de que a nivel general un país es más rico cuanto más ecológico es. Y no al revés.
HUELLA DE CARBONO
Hace más de una década, Banco de Bosques desarrolló un programa tendiente a mitigar la huella de carbono de personas y empresas. Compensa la emisión de gases de efecto invernadero con la compra de metros cuadrados de bosques georreferenciados en riesgo de desaparecer. Hasta el momento han salvado un bosque en el Chaco (la estancia La Fidelidad, de 128.000 hectáreas, en el Impenetrable) y otros tres en la provincia de Misiones.
-¿Por qué alguien debería compensar su huella de carbono?
-Nuestra actividad diaria requiere de energía, tanto para prender la luz, el celular o una máquina, como para trasladarnos. En los dos casos se queman combustibles fósiles para conseguir esa energía. Esto incide en el cambio climático, ese gran flagelo ambiental que acecha al mundo. Pero además de las chimeneas y los caños de escape existe también la deforestación, que es una especie de tercera chimenea que inyecta en la atmósfera dióxido de carbono, el rey de los gases de efecto invernadero. Ese humo que sale de cualquiera de estas tres chimeneas se puede calcular para conocer cuántas toneladas se emiten con determinada acción.
-Entonces…
-Hoy muchas empresas en el mundo que, además de gastar menos energía, están compensando esa huella de carbono. ¿Cuál es la forma más sencilla de hacerlo? Buscando un bosque cualquiera que tenga carbono en stock (se encuentra en las ramas, los troncos y las raíces de los árboles) para comprarlo y evitar que un eventual desmonte libere ese carbono a la atmósfera.
“El año pasado, con la pandemia de origen zoonótico, muy relacionada con la deforestación en Asia, el tema exploto”, admite el director ejecutivo de Banco de Bosques. “Pero nosotros veníamos trabajando en esto desde antes”. Ya en 2019, el Banco Galicia compensó con Banco de Bosques 8.212 toneladas de carbono salvando 15 hectáreas de bosques en la selva misionera, por valor de 1,9 millón de pesos. Al mismo tiempo, la fundación ha compensado la huella de empresas como Citi, Andreani, Tarjeta Naranja, Kosten Aike, Global Logic, Meraki, Integral Pack y el hotel boutique mendocino Casa de Uco, entre otras.
-¿Qué hacen con los bosques que salvan de la topadora?
-Las propiedades que compramos se donan a Parques Nacionales o Parques Provinciales, según cada caso. Las donaciones se protegen a perpetuidad, que es algo que figura en los estatutos del Banco de Bosques. No puede haber reversibilidad en eso. Es decir, están a salvo para siempre. Un bosque nativo que desaparece no se recupera, regenerarlo cuesta mucho, y es un bosque que bien manejado podría producir de manera sustentable. El quebracho particularmente es una madera muy noble y nosotros estamos haciendo hamburguesas con un toro campeón.






