Una madrugada en el corazón de la protesta policial: “Nos piden que no corramos motochorros para no romper los patrulleros”

Una noche con muchos reclamos y decenas de versiones, en el punto clave del reclamo, a metros de la “oficina” del ministro Sergio Berni.

Policía no es para tibios”. La frase está escrita con letras blancas sobre un afiche negro y al lado tiene el escudo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Se inspira en un discurso del ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, del 20 de marzo pasado. “En esta fuerza (…) no hay lugar para los tibios”. Quizás por la energía que le puso, el mensaje les llegó de verdad a los oficiales que por primera vez en la historia de la fuerza dijeron basta.

Puente 12 está en el cruce de la Autopista Ricchieri y Camino de Cintura (Ruta 4), en Ciudad Evita, partido de La Matanza. Acá funciona el Centro de Coordinación Estratégica (CCE) de la Policía Bonaerense y ahora es la sede central de la protesta de los policías por los salarios y las condiciones de trabajo.

La marea de balizas led azul se ve desde varios cientos de metros antes de llegar. Hay patrulleros sobre la autopista, en el pasto, en la colectora, por todos lados. De fondo, sirenas y bombos.

Vigilia durante la madrugada en Puente 12. Foto Marcelo Carroll

Vigilia durante la madrugada en Puente 12. Foto Marcelo Carroll

Es medianoche y esto, que empezó como una convocatoria por las redes sociales y ya lleva dos días, no se sabe en qué puede terminar. Recién un tumulto en la puerta del CCE tensionó más la vigilia. Un grupo de policías improvisó un pogo para intentar entrar a los empujones al lugar donde estaban “los jefes”. Adentro, sus compañeros de Infantería bloquearon la puerta, les mostraron los escudos y los palos. “Hijos de puta, hijos de puta”, les gritaron, como manifestantes que reaccionan contra la represión policial.

Todo empezó como una convocatoria por las redes sociales y ya lleva dos días. Foto Marcelo Carroll

Todo empezó como una convocatoria por las redes sociales y ya lleva dos días. Foto Marcelo Carroll

“Están viniendo los micros de los grupos especiales para sacarnos a todos”, le dice un agente a Clarín y señala hacia la Ricchieri en dirección a Capital. La idea no parece verosímil. No ahora con 500 tipos protestando, con armas y bronca. “Está viniendo Berni”, aporta otro. Durante la madrugada varios especulan con la llegada del ministro, al que según a quien se le pregunte está en Adrogué, en La Plata o acá mismo, dentro del CCE. Nadie sabe.

En Puente 12 los policías que hacen la vigilia están divididos en dos grupos. Uno está sobre la colectora de la Ricchieri cuidando los patrulleros, algunos aprovechan para dormir, otros comparten a la canasta lo que trajeron para comer y aprovechan para hacer sociales.

El otro grupo está reunido en la puerta del Centro de Coordinación Estratégica, siguiendo de cerca las novedades en torno a los 16 puntos que le elevaron al Gobierno bonaerense. Acá la distancia social es menos diez, con tapabocas bien puesto, mal puesto y sin tapabocas. Encima gritos cruzados y cantitos.

Un grupo está reunido en la puerta del Centro de Coordinación Estratégica. Foto Marcelo Carroll

Un grupo está reunido en la puerta del Centro de Coordinación Estratégica. Foto Marcelo Carroll

Adelante están los referentes, policías retirados que hablan directamente con los jefes que salen. “Nos plantamos acá y no nos mueve nadie. Pedimos que la política dé la cara. Cuando un delincuente toma de rehén a una familia, el ministro de seguridad baja al lugar. Queremos que venga acá con el gobernador a hablar con toda la Policía”, dice uno de ellos. “¡Que venga Berni la puta que lo parió!”, cantan todos.

Lo que suena distinto son las historias detrás de ese coro y los uniformes azules. Javier tuvo coronavirus y como IOMA no le cubría el hisopado tuvo que pagar 9 mil pesos por uno. «Cuando tuve el resultado cumplí con los diez días de aislamiento y el segundo test no me lo hice para no pagar 9 lucas de nuevo», cuenta.

Hernán trabaja como Policía en Rafael Castillo. Está en la fuerza hace 13 años, es subteniente y cobra 40 mil pesos de sueldo. Con eso paga un préstamo hipotecario de 7 mil pesos al mes, otros 7 mil de colegio privado “porque si los mando a la pública no tienen clases” y con lo que resta se las arregla para pagar los servicios y comer.

“Vivo con mi esposa y mis tres hijos. En total por los tres recibo de asignación 1098 pesos. Yo entiendo que el Gobierno tiene que ayudar a los que más necesitan, pero no entiendo la diferencia entre mis hijos y los de los que cobran la Asignación Universal de 2500 pesos cada uno”, dice.

Mariela tiene 35 años. “Hace 15 años que soy ‘vigi’. Mi hija tiene una discapacidad y no me pagan lo que corresponde. Obra social tengo IOMA, nos obligan a tener esa. Si vamos a atendernos a un consultorio, nos cobran hasta las vendas”, le dice a Clarín.

“La palabra psicólogo está prohibida. Nosotros como policías vemos de todo. Vamos a un accidente y tenemos que levantar del piso a los muertos con una cuchara. Todo eso nos afecta, pero no te dan ningún tipo de contención”, comenta.

A los bajos sueldos se suma el costo de ser policía bonaerense: jornadas de 18 horas, uniformes, borcegos, balas y comida a cargo de los agentes. Foto Marcelo Carroll

A los bajos sueldos se suma el costo de ser policía bonaerense: jornadas de 18 horas, uniformes, borcegos, balas y comida a cargo de los agentes. Foto Marcelo Carroll

Sergio es un “policía héroe” que hace cuatro años rescató a una nena de un incendio en La Matanza. Le hicieron una nota en Crónica que todavía se puede ver en Youtube. Por su intervención en aquel episodio le prometieron un ascenso, que nunca llegó. Ahora está con licencia médica porque en un tiroteo recibió un disparo en el cráneo, arriba de la oreja derecha, y otro en el cuello. “Cobro 35 mil pesos. Perdí todos los adicionales por haber sido herido en un acto de servicio. Y en el recibo figura que gano 4800 pesos”. cuenta.

A los bajos sueldos se suma el costo de ser policía bonaerense:jornadas de 18 horas, uniformes, borcegos, balas y comida a cargo de los agentes. Pero eso no es todo. “Si rompemos un patrullero el arreglo lo tenemos que poner de nuestro bolsillo, si no hay sanción”, cuenta Víctor. Su testimonio es repetido. “Nosotros tenemos un jefe que nos prohíbe correr motochorros. ‘Al que corre una moto lo sanciono’ nos dice. Para que no rompamos los patrulleros”, cuenta Carlos, que trabaja en una comisaría de La Matanza, y se pregunta: “¿Así cómo quieren que hagamos nuestro trabajo que es perseguir delincuente? En las Hilux cualquier arreglo te sale 25 mil pesos. Terminamos llevándolas a algún taller amigo que más o menos te las deja andando por poca plata”, dice otro agente.

Los patrulleros de la Bonaerense que estaban estacionados en Puente 12 hablan por sí solos. Móviles que a lo lejos se ven desalineadas desde todos los ángulos, con faltante de ópticas, paragolpes y chapas deformadas. De cerca todo es peor. Hay camionetas que tienen las cuatro ruedas de una medida distinta, con nylon en lugar de vidrios blindados, fugas de aceite, direcciones que gritan del dolor. “Esto es un fiel testimonio de la realidad”, le dice un policía a Clarín y señala un pedazo de cinturón se seguridad colgando del gancho de remolque. “Con el cinturón llevamos de tiro a otro móvil que se quedó”, añade. Esta noche en Puente 12 la mitad de los móviles tiene un tramo de cinturón colgando adelante o atrás.

–Y si un día el móvil no funciona más, ¿qué pasa?

–Te mandan a una garita. Y haces tu tarea ahí.

–¿Hasta que llegue un patrullero nuevo?

–Sí, o podés comprar uno.

–¿Vos?

–Dependiendo el destino hay por 2000 o 3000 pesos la noche. Ponés esa plata y salís a recaudar para el jefe, a buscar borrachos, a molestar a alguien sin papeles.

Los que se animan a hablar de corrupción son muy pocos. Aunque todos saben y asumen que existe. “Yo tuve que pagar 30 mil pesos para que no me trasladen a un destino lejos de mi casa”, le dice un sargento a Clarín. Otro cuenta que como no pudo pagar los 25 mil que le pidieron, tiene que viajar desde La Plata a Morón todos los días.

“Así con todo. Y para arriba es peor. Tenés comisarías que valen 400 mil y también de 1 millón. Más la cuota mensual. Eso siempre estuvo y sigue”, cuenta uno de los policías. “El colmo es que cuando hacés un buen procedimiento, como secuestrar un cargamento de droga, te terminan castigando con un traslado porque tocaste al amigo del jefe. Al final no sabés para qué trabajás”, lamenta.

La madrugada le deja el paso a la mañana y la protesta sigue. Se habla de una nueva oferta para este miércoles, les piden una y otra vez a los policías que designen a un varón y una mujer para ir a La Plata “a hablar con Berni y Kicillof” pero ellos se niegan. “No tenemos sindicato, no tenemos representantes. Que vengan a hablar acá con nosotros”, insisten los rebeldes. “No hay nada que negociar, ya tienen los 16 puntos”, repiten. La Bonaerense se hartó de la Bonaerense.

GL/Clarin

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