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Es uno de los voceros de Frigerio. Su recorrido político (y de relaciones) tiene un capítulo importante en Buenos Aires. Kirchner y Rodríguez Saa, apellidos de su inventario.

El mediodía del viernes pasado, cuando los sitios eran un hervidero por las vacunaciones vip, la presentación del Consejo Económico y Social pasaba estrepitosamente de la primera plana al último eslabón informativo. Incluso, en algunos casos, desapareció. Sin embargo, Manuel Troncoso utilizó su perfil de Twitter para saludar la iniciativa de Alberto Fernández mientras todos los integrantes de su tropa, nacional y provincial, estaban en otra.

Nacido en Concepción del Uruguay en el seno de una familia de origen peronista, el legislador de 35 años pasó su infancia y adolescencia entre su ciudad natal, Concordia y Capital Federal. Todas las mudanzas fueron por cuestiones laborales de su padre, un ingeniero civil aparentemente inquieto.

En la gran urbe es donde Troncoso vio de cerca a la política, se entusiasmó y la transitó. En la secundaria y luego en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde se graduó de abogado, se alistó en la agrupación Peronismo Militante. Corría el año 2003. En la elección de ese año apoyó la candidatura de Adolfo Rodríguez Saa, pero por conducta partidaria y fiel al apotegma que sugiere que “el que gana conduce y el que pierde acompaña”, se sumó al oficialismo. Incluso se le conocen fotos con Néstor Kirchner.

Ese respeto a la jefatura política iba a durar poco. El acercamiento del entonces presidente a algunos sectores de la izquierda le hicieron arrugar el ceño. Ya con Cristina Kirchner en la Presidencia, donde se profundizó esa construcción en el Frente para la Victoria no le dejó espacio para seguir, como a muchos peronistas.

A los 19 años comenzó a trabajar en la Uocra ante la propuesta de la madre de uno de los mejores amigos que cumplía tareas en el gremio. Allí se desempeñó en el área jurídica y forjó una relación cercana con Gerardo Martínez, a quién también asesoró en la CGT, más que nada en actividades de transferencias tecnológicas en organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Fue en el sindicato de Martínez donde más le tomó el gusto a la política. Corría el segundo gobierno de Cristina y el kirchnerismo comenzaba a perder fuerza cuando Troncoso ingresó a la Legislatura porteña de la mano de otro amigo, Esteban “Larry” Garrido, hoy legislador porteño por el PRO. Arrancó con una tarea ligada a lo parlamentario pero enseguida saltó al Ministerio de Educación de la ciudad.

La vuelta  

Con la victoria de Cambiemos en 2015 fue convocado para integrar el equipo de PAMI. Le confiaron las relaciones sindicales de la institución. Esa fue “la vuelta” a Entre Ríos. Su amistad con Mauricio Colello, hoy subsecretario de Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, lo vinculó con Rogelio Frigerio, quien luego lo sumó a su equipo de trabajo en el Ministerio del Interior en 2016. Troncoso pivoteó entre su jefe y la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, que le confió algunas gestiones en la provincia hasta 2019, cuando Juntos por el Cambio fue derrotado y él ingresó a la Cámara de Diputados en la lista de Atilio Benedetti. Antes de asumir la banca tuvo su paso por la Dirección Nacional de Asociaciones Sindicales.

Instalado en Concordia con sus dos hijas, viaja semanalmente a Paraná para cumplir seguramente sus tareas legislativas, que en la mayoría de las iniciativas lo tiene aportando en el plano de lo laboral, donde se especializó. De todos modos no es de lo que más habla, según comentan quienes lo conocen. Lo entusiasma, y a eso se dedica, la rosca. Integrante de la segunda línea de la consultora que fundaron Frigerio, Emilio Monzó y Nicolás Massot, se mueve como embajador del ex ministro del Interior en la capital entrerriana.

Sin hacer mucho ruido ni enredarse en las disputas por jefaturas de bloque o interbloque, Troncoso se jacta de tener línea directa y diaria con Frigerio. Mientras tanto le pone un granito de arena a la junta promotora del MID en Entre Ríos.

En los principales debates que se dieron en la Legislatura, que no fueron muchos, el legislador desenfundó banderas peronistas. Por lo menos para la retórica. Quienes lo conocen aseguran que las diferencias con sus pares del oficialismo se pueden charlar sin sobresaltos y, cuando puede, deja entrever que lo de “la grieta es una gilada”.

Fuente: Página Política