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Hasta no hace mucho tiempo, la mujer no podía votar. Su acceso a la Universidad era casi un imposible. Hoy, cosas como esas, parecen descabelladas  Sin embargo, persiste una fuerte inercia que busca mantenerla en el desempeño exclusivo de ciertos y determinados roles. El mundo de la conservación del patrimonio no es la excepción. En efecto, es una verdadera caja de resonancia de lo que la mujer sigue padeciendo socialmente. 


Nos preocupan el cambio climático, la superpoblación y sus efectos, la implacable reducción de la biodiversidad, la pérdida de valores culturales o la denigración de nuestro patrimonio arquitectónico. Nos preocupan las cuestiones aborígenes. Sin embargo, la equidad (imparcial y justa distribución de beneficios y responsabilidades) y la igualdad (como ausencia de discriminación) con relación a la mujer de nuestro entorno, aún nos moviliza poco y nada. Pareciera ser que son cosas que no ameritan nuestra objetivación. ¿Estamos distraídos o nos hacemos de los distraídos? 


Algunas preguntas muy sencillas, nos permiten ver que para muestras, alcanzan varios botones:  ¿Por qué la mujeres aún ocupan un porcentaje tan bajo en la nóminas de Guardaparques de los sistemas de áreas naturales protegidas de nuestro país? Solo la provincia del Chaco posee el 50% de mujeres en su nómina. Y seguimos: ¿Por qué las mujeres son mayoría entre quienes se dedican a la educación ambiental? ¿Es acaso una inercia de lo todavía sucede en la educación formal?. En cuanto al gerenciamiento y gestión de la conservación: ¿Por qué en la gestión gerencial del patrimonio natural son minorías las mujeres siendo que en el mundo de la conservación del patrimonio cultural es la inversa? Estas y muchas otras preguntas de este tipo, nos ayudan a visibilizar la idea de que el mundo de la conservación del patrimonio, también tiene que hacer lo propio para facilitar el acceso de la mujer a tareas que todavía le son vedadas. 


Tenemos, entre todos, la obligación de subvertir los órdenes sociales encapsuladores. Esos que todavía condicionan nuestras estructuras y buscan mantener a las mujeres en el ostracismo de la pasividad. La reflexión es el camino inicial e ideal para comenzar, con la mayor urgencia posible, los cambios y transformaciones para que la equidad y la igualdad entre hombres y mujeres, finalmente pueda lograrse.


Fernando Laprovitta